Farlord: El rey sollozante

Autor: Paolo Bonsignore.

Farlord, The king of Edemun

   El rey, el rey. Hago énfasis a un ente tan importante en esta historia, pues de quien quiero hacer auge inspirador es de Farlord. Y como rey que es no duerme, se despide del día y en la noche conoce todo lo que no se deja vislumbrar por los ojos inocentes. Como rey mismo no se levanta de su cama tras un sueño consolador, aparece repentinamente de un pasadizo, una librera giratoria o una calleja de una galería dentro de sus aposentos, sin saberse lo último que hizo a hurtadillas. Como rey mismo, no socializa, no se asocia y no diplomacia con ningún ínfimo superior, tampoco idolatra ningún dios inexistente, ni mucho menos sigue los pasos de Odín o de Mahalba, mas bien, busca hacer fervor heterodoxo a sus propias reglas, un hombre capaz de mover montañas de un solo piafar. Quizás con la introducción de la noche anterior es suficiente para saber devotar la magnificencia de este taciturno ser. Un muy mal rey para su nación, pero compensable para con su hija ser un gran padre, porque en todo la complacía y a la vez sabía ligar las enseñanzas y presiones que se les debe dar a un hijo para que no crezca mimado o descarrilado. Namy creció humilde y modesta para con su prójimo, lo que dejó a Farlord  unas marcas de guerra mucho mas épicas que las cicatrices profundas, las ojeras del milenio.

La luna es tan cambiante como la personalidad errabunda de un adolescente, y muchos creen que se posa sobre el cielo nocturno llena totalmente y toda la noche, pero no es así. En una posición y en una hora exacta, la luna está llena en su totalidad, cuando intercepta los cristales de los ventanales del desventurado castillo. Farlord bajo su encantamiento es el único conocedor de todos los estados y cambios de personalidad de la luna, como si interactuara con aquella mujer, y dejaba de hacerlo, cuando esta se ocultaba tras las tejas de los torreones, en ese entonces Farlord se iría a dormir, o eso intentaba hacer, y esa noche no fue la excepción.

Se levantaba tan temprano como se desvelaba por las noches atendiendo los caprichos de su maldición, sin embargo, se mantenía vigoroso y sereno, el sueño nunca fue un obstáculo para él. Esa mañana deambulaba por los pasillos de las armaduras, buscando un nuevo propósito para ese día, un propósito que ya tenía previsto, pero no lograba recordar. La bruja Alicia hizo acto de aparición frente a él, como si ya estuviera allí durante mucho rato, pero quizás no, porque se con certeza que las brujas Jilion aparecen en los momentos de más necesidad, en compensación de aquellas cosas que aparecen en los momentos más inoportunos.

-Era contigo con quien quería dar-Empezó Farlord, imperturbable su vivaz entonación

-Lo sé y lo sabré siempre mientras viva la majestad de nuestro rey.

En eso, Farlord se cruje los nudillos y continúa.

-¿Hiciste lo que te pedí anoche?

-Todo ocurrió tal y como su elocuencia la ideó.

-En ese caso, que todo marche de manera normal. Sin querer sonar hosco, menos mal que los testigos no vivieron para contarlo, y los únicos portadores de la verdad están bajo juramento.

-¿Y el prisionero? ¿No ha soltado nada más?

-Lo suficiente como para ponerme a detallar la situación con mera claridad, pero ya basta de palabrería, ya me acordé de lo que iba a hacer hoy, ¿acudió Rich a la hora impuesta?

-Desde luego-dijo Alicia, luego se sonó la nariz, fue un ruido engorroso.

-Bien, que se encargue del muchacho, yo debo atender unos asuntos, entre tanto, desaparécete de mi vista!

Y más que palabras, fueron deseos para Alicia, pues desapareció de manera (corrió pasillo abajo fuera de la vista del rey) mágica, permitiéndole a Farlord continuar su recorrido.

Se cubría la cara momentáneamente con la palma ladeada, porque el sol le molestaba, la risueña de los demás también le molestaba, y más si ello se debía a un buen sol que cubría con su manto aquellas estúpidas caras felices. Antes de poder salir por los portones principales de sus aposentos, se tropieza con Arcuz intrépido y ávido, el muchacho muy intimidado se limita siquiera a disculparse por la torpeza y se va corriendo, sin embargo, he dicho, imperturbable el rey es.

Marchó lejos de Edemun en su carrosa real junto con diez escoltas, para asuntos frívolos, o eso era lo que ellos pensaban. La sangre del conductor se helaba al desviar su trayectoria a un sendero inesperado acorde con las indicaciones exasperadas del rey. Pasaron por los cauces más pronunciados del bosque plumas de grifo, atravesaron con dificultad por la falta de estabilidad de las ruedas más allá unas arboleadas espesas y escarpadas y con un terrero desigual, y un sendero boreal descendiendo la ladera principal del tramo donde empieza el recorrido del nómada, desde esa pendiente empieza una extensa y despejada llanura con campamentos y cabañas a cada lateral del solitario camino, era evidente, el rey tenía intensiones con Arista Chica, y el viaje duró dos días. Intercaladamente se detenían en puntos de posada para reposar a los caballos y buscar estadía durante la jornada nocturna (suerte que, esa noche no hubo luna llena).

Estando a toda velocidad, acercándose al pie de la montaña que sostenía las suspendidas calles de Arista Chica, el rey se volvía más jovial a medida que sus escuderos se perturbaban así mismos. A la vista y muy en lo alto, la ciudad en todo su resplandor, desolada e inhóspita, Arista Chica.

El rey se bajó con mucha rapidez al arribar, curiosamente, todos estuvieron tras sus pisadas apelotonados, no estaban cumpliendo bien sus papeles como escuderos, qué vergüenza!

Pisadas pesadas e indiscretas pero silenciosas, presencia escandalosa e intrépida pero nadie que pudiera apreciarla, si, la ciudad estaba completamente vacía, con la bruma y la desesperanza cubriendo los espacios vacíos y antes habitados, lo que dejaba en conclusión dos importantes hipótesis, una era que el príncipe Girvi había lanzado al ataque todo su repertorio de soldados y desterrado luego a sus habitantes casuales para protegerlos de la falta de milicia, y segundo, que los orcos no habían llegado aún a reclamar lo suyo, pero quizás pronto lo estarían. El resto de las callejuelas y caminos inclinados de la ciudad le fueron indiferentes a Farlord, solo se interesó por llegar pronto al castillo, y averiguar si el rey Morgan seguía allí.

Subió el largo ascenso de las afincadas escaleras, dispuesto a continuar, dispuesto a seguir su objetivo y continuar con su premonición, sin esperar mucho apoyo de sus escuderos aun pavoridos, nunca se agobió, y el agobio fue tan irrelevante para él como las palabras que nunca explayó durante todo el viaje. Aquella cumbre se arrodillaba ante un inmenso umbral en forma de polígono apuntando  hacia el rastrillo de los portones (que se hallaba entreabierto), las puertas se abrieron de par en par, al principio hubo complicaciones, pero la vigorosidad de los escuderos del rey era impecable, y compensaba la falta de valentía, sin embargo, esto al rey nunca le molestó.

Tal y como hacía tres días, el salón principal se hallaba tan oscuro y consolado por tenues rayos del sol en intervalos, en algún momento fue Namy quien le toco vivir ese presagio, pero con mucho gusto y morbosidad, Farlord se adentraba más y más sin importar si la bruna le asfixiaba la vista. Tras él el sonido del metal rechinando al abisagrar las armaduras, eran sus escuderos aun víctimas del horror (uno de ellos tenía un amigo que había muerto en manos de los berserkers el día de la visita de Namy), cuando sintieron que ya el abismo se les presentaba muy en sus narices, al frente y a la distancia un único y pequeño rayo de luz en el gigantesco salón alumbraba parcialmente un trono, el trono del rey, y este mismo se hallaba ocupándolo. A medida que Farlord y compañía se acercaban en línea recta y con pasos constantes, una iluminación en el fondo de color azul neutro se escatimaba a los laterales del rey Morgan, muy pálida pero notoria entre tan rotunda oscuridad, Farlord se acercó considerablemente y sin escrúpulos, y aun siendo once contra uno, los escuderos se mostraron reticentes.

-Los orcos de Mozorkania llegarán muy pronto-dijo Farlord-y estando tú a indefensas y a descubiertas en el lugar más obvio no dudarán en altercarte.

-No le doy prioridad a lo que ya no merece prioridad-dijo el rey Morgan, en un tono ronco y grueso pero pacífico-que me alterquen junto con mi ciudad, así como la engredad de mi hijo lo sucumbió a su destino.

Y mientras hablaba, torcía el tronco, inclinaba el torso y giraba la cabeza constantemente a múltiples direcciones, como buscando interceptar algo con la vista y que siempre fallaba en los intentos, de manera muy anormal e inusual este se movía, y eso fue lo que al rey Farlord le llamó más la atención, o mejor dicho lo empavoreció un poco. El rey Morgan no estaba en sus cabales.

-Puedo preguntar-empezó de nuevo Farlord-¿a qué se debe tu inverosímil comportamiento?

-No quiero perder de vista a mis demonios-replicó Morgan, y nunca cesando sus errantes movimientos con el torso y la cabeza-si les doy la espalda, me despojarán de mis poderes herenciales, eso lo sé!, pero yo soy más elocuente y más suspicaz, y sé que no me voy a dejar.

Farlord lo pensaba mas no lo decía, pero quizás, solo quizás, la muerte de su hijo le había revivido sus más grandes temores y facultades demenciales como aquellos días cuando aun no era rey.

-¿Te rindes?-preguntó Farlord, pero el rey se limitó a responder, le dio mucha jaqueca y se golpeaba aventando violentamente su cien contra un brazo del trono. Para cualquiera que prefiere de manera visual analizar todas las cosas complejas, hubiese interpretado esa escena como un acto de enloquecimiento voluntario, pero Farlord lo sabía, Farlord lo comprendía y analizaba, era una manera de pedir auxilio y retracte, por su atolondrada mente corrompida por la pérdida inesperada de Girvi. Ya no tenía remedio.

Era demasiado tarde como para emplear ayuda alguna en Morgan, pues los orcos entraron sin aprensión al desolado ambiente, sin temor de quien podría encontrarse allí en ese momento. Eran unos veinte, en la cabecera y marchando a su ritmo, Kruat.

Todos formaron un semi-círculo alrededor del trono y del rey y compañía (se imaginarán como habrán estado los escuderos), Kruat se adelanta dejando una holgura en el semi círculo, y se dirige a Farlord.

-Tus agallas deben ser muy grandes, para venir deliberadamente a interferir con nuestras intensiones.

Apresuradamente, Farlord devuelve palabras.

-No vengo a intervenir en nada, bien se, que esta ciudad ya les pertenece por derechos bélicos, solo vine a pedir un poco de información a este pobre diablo, pero a causa de su estado emocional creo que ya omití mi visita.

Kruat amedrentó a los escuderos (y estos se acurrucaron mutuamente) con su mirada alocada y… Orca. Farlord se mantuvo recto, pues ya sabía cómo interceptar la actitud hosca de aquellos seres, como los perros huelen el miedo ellos huelen la inferioridad.

-Entonces te pido de buena gana que te apartes y nos dejes tomar a este prisionero.

Y así fue, pero Farlord no quería que a este se lo llevaran como prisionero.

-Como he dicho, este pobre diablo no tendrá cognición para parlar o disfrutar de un encierro que ustedes le impongan, y no podrán saborear su sufrimiento ni mucho menos digerir su orgullo, es mejor acabar con su tormento y reunirlo junto con su hijo.

-No!-bramó Kruat-El plan inicial era apresarlo y enclaustrarlo, me vale un pepino si lo sufre o no.

-Insisto en que lo maten, y acaben con su desdicha-dijo nuevamente Farlord.

-No te metas, rey.

-Si lo hago, ¿qué harás?

Eso hizo gruñir de una manera descomunal al orco, si bien los escuderos ya estaban asustados, se habían manchado la ingle dentro de sus armaduras con algo que no quiero mencionar. Kruat ya tenía los brazos sujetos del pobre e indefenso Morgan para encadenarlo, pero al acto lo soltó con brusquedad y se volvió hacia Farlord.

-No me provoques, es muy fácil encolerizarme pero muy, muy difícil frenar mi cólera

-Entonces no tengo nada que perder-replicó Farlord, muy elocuente y firme…Y burlón-aunque mi vida corre riesgo, entonces ¿por qué no me matas de una vez y continuas con tus planes?

-No hare tal cosa mi rey,-gruñó Kruat-sé con certeza que la muerte es lo que anhelas más, y no puedo perdonarte con tan solemnes deseos de liberación mental, pero créeme, has elegido un mal camino para ofenderme en frente de mis insolentes camaradas, y quizás no te mate, pero sufrirás con el dolor chorreando por tu sangre y por tu delicada piel. Orcos, ¡denle una lección!

Y los orcos se pusieron en marcha, blandieron en lo alto y muy desenfrenados sus porras de púas y clavos emergentes, se abalanzaron contra los escuderos, y como tal cumplieron su función como escuderos que son, alzaron muy en alto sus escudos triangulares, dándole suficiente tiempo a Farlord se desenfundar su alargado estoque élfico, un estoque muy largo, y cuando me refiero a muy largo… Pues, ya verán por qué lo enfatizo.

Al desenfunde saludó la espada a sus víctimas, con un resplandor natural sobresaliendo de la hoja a la luz de la oscuridad azulada, el rey interceptó apresuradamente uno por uno a los orcos para evitar que estos siguieran el arremete contra sus hombres, incluso al salir de su vaina había cortado gravemente a tres orcos a la vez. Siempre desde su posición, más bien, nunca dio un paso adelante para estar cuerpo a cuerpo, mantuvo la distancia, y desde allí, asombrosamente estoqueó proliferante y rápidamente a sus adversarios, era increíble. Era como si su espada se alargara al ejecutar tajos, como un látigo invisible, pero que vislumbraba la estela al impactar de forma lineal la piel verdosa de los orcos y esta se veía amarillenta por el baño de salpicaduras de sangre cuajando sobre estas. Al final, fueron los orcos quienes aprendieron una lección, aunque de nada sirvió estando a merced de la muerte inmisericordiosa.

Enseguida, Kruat desenvaina sus Skulleniums, centelleando un púrpura en negrura cada vez que su dueño se encuentra encolerizado.

-Conmigo será diferente-dijo Kruat-y aunque logres pasar por mí, afuera hay una enorme horda de orcos esperando mi aullido de derrota, y claro está que es el audillo para seleccionar a un nuevo general y líder, en señal de su antecesor caído, ¡adelante! ¿Qué esperas?

-Antes de poder aullar, tu lengua se despedirá de tu boquerón y se aferrará a la cortadura de mi espada, sin embargo, solo vine a buscar información, la cual deberé omitir por la falta de facultades cognitivas de este pobre perdido. Puedes tomar la corona, puedes apoderarte de las calles y casas y locales y del castillo, pero déjame hacer lo que deba hacer y te prometo que me marcharé sin chistar.

Tras unos segundos se silencio sepulcral, Kruat accede a su petición (chistando), y se va por la puerta entreabierta. Antes de marchar del castillo se vuelve y por último dice.

-Ya nos volveremos a ver, majestad-y acto final cierra las puertas tras él

Fue una mañana muy dolorosa, el rey Morgan ya no respondía a nada de lo que Farlord quería especularle, incluso antes de caer en la mudez había logrado expresar una última cosa, ¡El Warlock lo había amenazado y torturado de las maneras más inhumadas antes de aparecer en el enfrentamiento!, y cuando supo lo de su hijo, cayó en el desdén. Girvi, aunque patán y majadero no tenía ninguna relación con su padre, y era de esperar, Farlord y Morgan eran muy allegados, y el único lucero de gentileza entre tanta perdición y malvales en Arista Chica, y ahora, desplomado en su trono sin esperanzas de un horizonte con buen clima. Sin duda, Farlord se condolió de él, y con una daga que guardaba en su peto la empuñó en lo alto sobre sus hombros, para finalizar lo que antes había empezado como una bella amistad entre dos grades soberanos.

-Gracias por tu compasión, mi buen amigo Farlord…-dijo Morgan estertóreo

-Que Odín, si existe aun, te mantenga en su gloria, buen Morgan-dijo Farlord, con una lágrima que dejó caer sobre la mejilla de Morgan.

-Siento que no tengo amigos, ni familiares,  ni allegados cercanos a mí, ¿qué ha pasado con la soledad que difumina en mi corrompido ser? ¿Por qué me siento tan mal y desdichado? ¿Por qué me siento tan solo y abandonado?

-No estás solo, estaré aquí siempre consolando la injusticia que la vida te ha deparado desde siempre, por tu maldito hijo que no te representó, por tu maldita gente que nunca te gradeció, y por tu maldita infancia que siempre te golpeó y desvergonzó de los demás. Y por eso, he llegado a ponerle fin a esto.

-No me dejes solo, si me dejas solo, mi corazón no lo aguantará

-No, no lo haré

Y tras un minutó de silencio, la oscuridad azulada se tornó negra, y una única ráfaga de luz alumbraba el trono donde yacía, Farlord cerró los ojos con brusquedad para azotar el último puñal, pero enseguida Morgan interrumpió

-Mañana…Mañana… ¿vendrás a beber vino tinto como todos los domingos?-dijo Morgan, esta vez más ronco.

-Quizás no mañana, pero algún día lo haré, y cuando lo haga, nos embriagaremos hasta el final de los tiempos…

Morgan no respondió, incluso no lo hizo cuando Farlord esperó una respuesta de él, ya era muy tarde, estaba vivo en muerte o muerto en vida. Desde ese día se supo de Farlord,  que regresó sano y salvo de Arista Chica, que sus escuderos regaron la noticia de la predominancia de los orcos… Pero más nunca se supo de Morgan, ni de su tristeza, ni de su muerte, ni nada más…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s