Colmillos de león

Lion_1_by_Dokuro

 

Autor: Manuel Castillo

Agradecimientos a esos grandes cortometrajes animados que alguna vez nos han hecho reír y llorar.

Capítulo I

Carta a mi heredero

 

Fue hace mucho tiempo atrás, ya casi por la edad recuerdo vagamente los momentos trágicos, pero perfectamente recuerdo las alegrías; cuesta mucho creer que el destino existe, mucho más después hacerse amigo de la tragedia o que te hagan culpable por la misma.

 

Han pasado más de 15 años desde estos sucesos, muchos se preguntaran porque los escribo en este momento y la respuesta es muy simple, yo Arthur rey del reino de Luminis y mi esposa Midthra reina de Luminis tendremos un bebe en unas pocas lunas y quiero que sepa no solo por mi vos sino también que tenga un escrito de los sucesos acontecidos antes de su nacimiento y precedentemente lo que sucedió con su abuelo, mi padre el Rey Beltrán y con su tío el Ministro Zacarías.

 

 

Todo Comenzó una mañana como cualquier otra en el Castillo Real del reino de Luminis, la servidumbre ya estaba preparando el desayuno, un espléndido festín que cualquiera siendo apenas las 7 de la mañana creería que ya era la hora de almorzar.

 

Por el Castillo las mucamas abrían las cortinas y dejaban que el sol acariciara suavemente las frías paredes internas del Castillo como la caria dulce y gentil de una madre a su hijo recién nacido, el olor a pan recién hecho podía llegar incluso a la torre más alta y la fauna despertaba a lo lejos con sus esplendidos sonidos de la salvaje naturaleza que los rodea.

 

Claro que toda esta calma y paz era solo un interludio para un miembro de la familia algo travieso; entre chirridos y sigilosas pisadas logramos divisar saliendo de su cuarto antes que el sol llegara a la cúspide de su trono en el cielo, un carismático jovencito de 10 años de edad exactamente.

 

Cabello largo liso pero con un estilo refinado de color marrón oscuro, sus ojos color mostaza que reflejaban mucha sinceridad y compasión acompañadas con la desgracia de nunca haber conocido la desdicha del sufrimiento, piel castaña pero no llegaba al típico color moreno; añadida por largas caminatas o paseos a caballo por el reino acompañadas con su padre cabe destacar, con su traje casual típico de la realeza pero con un toque muy humilde por respeto a su pueblo y agradecimiento al mismo, pero con el sello característico de la familia; un león adornado con representaciones al sol.

 

El pequeño a paso lento pero seguro, trataba en todo lo posible de no ser detectado por nadie de la servidumbre, cada esquina y rincón lo miraba con bastante dedicación y cuidado para no ser visto; una de sus tretas favoritas para no ser descubierto era tomar el pequeño espejo de mano de la madre para asomar por las esquinas y lograr divisar por el reflejo los peligros que podían haber en su trayecto, para él era como vivir una aventura y el único tesoro que le interesaba se encontraba en las grandes puertas de madera y plata macizas que llegaban a la cocina.

 

Y ahí estaba su tesoro, puesto en bandeja de plata literalmente, los panes recién orneados de relleno de cereza con una gustosa cubierta de miel y espolvoreadas con canela pero antes que poder tomar y degustar su tesoro que tanto le costó conseguir una vos tierna y serena le habla desde su espalda y le dice

 

    ¿No es muy temprano para comer cosas dulces señor?- dice la dulce y serena vos con un tono cálido-

 

    Algo en realidad – dice el joven algo asustado y sorprendido – y… ¿No es muy tarde para que me atrapes?, solo lo digo porque es ya costumbre tuya pillarme antes de yo poder llegar a la mitad de la parte media del castillo señorita Midthra –respondió con un tono sarcástico y burlón mientras se da media vuelta de una manera elegante y carismática- para ser la hija de los capitanes de la guardia real te hace falta práctica.

 

Midthra era de la misma edad que nuestro joven aventurero, una jovencita nacida por obra y gracia en un matrimonio estable, sus padres se conocieron gracias a sus respectivos trabajos como guardias protectores de las dos torres principales del reino de Luminis; la torre del amanecer es comandada por el padre de Midthra; una persona de cabello negro corto, más o menos de 2 metros de alto, ojos color marrón oscuro, piel blanca aunque bastante castaña por la insolación de algunos días y con la típica característica denominada “esa cara de culo no se la quita nadie”.

Es un guerrero notable varias de sus cicatrices lo dicen muy bien, su porte de armadura pesada adormentada con figuras representativas del león y el sol en dorado y plata le daban un toque bastante gustoso a la vista. El caballero rojo, lanza del reino, el guardián de los necesitados y capitán Lancelot Firespear.

 

La torre del Crepúsculo era comandada por su madre; una mujer bastante llamativa a la distancia con su cabello negro como la noche y tal liso como la seda más fina del mundo que caía suavemente hasta lo largo y ancho de su espalda protegido por un escudo pesado portador de su apellido, ojos color amatista oscuro y una piel tan blanca y clara como la nieve, cuerpo perfectamente esculpido, majestuoso y femenino gracias a la edad y su entrenamiento; ya que ella era extranjera, viajó hasta el reino de Luminis diciéndole adiós a su hogar natal en las montañas para formar parte de la guardia real; nunca dio explicaciones del porqué. Ella la doncella de hierro, la valquiria del reino, la protectora de los débiles y capitana Freya Frostshield.

 

   Príncipe Arthur –respondió Midthra entre dientes- que siempre lo atrape antes de que baje medio castillo no significa que sea buena solo que usted es bastante fácil de detectar y como siempre logro capturarlo decidí darle la oportunidad de que disfrutara la gloria antes de arrebatársela.

 

En eso la pequeña Midthra tomo el pan recién hecho que tanto le costó a nuestro héroe conseguir y comenzó la típica mañana del castillo, pocos minutos después se despertó el rey Beltrán solo para ver la típica escena de dos pequeños jóvenes en su época de pureza jugando a su juego habitual “el gato y el ratón”.

 

     Arthur ya estas despierto y parece que tienes bastante energía-dijo el rey con una sonrisa entre ceja y ceja y con cierto sonido diabólico en su vos como si planeara algo-

 

     Padre!!!! No esperaba que te despertaras tan pronto –responde el príncipe con un tono sorprendido y asustado-

 

   Con sus gritos y peleas por todo el castillo hasta las mismísimas bestias del bosque se despertarían a kilómetros a la redonda mi querido hijo –exclamando con un tono sarcástico y aun con su sonrisita picara de “le tengo preparado un castigo especial a este muchacho”- pero en fin ya que estas despierto y no tengo que levantarte yo mismo de la cama es hora de que demos un paseo especial por el reino Arthur.

 

   ¿Un paseo padre? ¿A dónde exactamente? –dijo el joven con una mirada bastante inquietante y dudosa-

 

   Es hora que el príncipe tenga una “mascota especial” –dijo el rey con un tono de ultratumba- ya tienes 10 años hijo mío y es ya hora que podamos conseguirte un defensor animal que te guie cuando nadie más pueda así que ponte tus botas de montar y sígueme que el camino es largo y los caballos nos esperan.

 

Con este pequeño paseo se abre el destino del soberano y el traidor y se cierra el del justo y el vengativo.

Un simple hecho de acción y reacción.

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