Te sostendré la mano si me apoyas.

Autor: Paolo Bonsignore

Noctaniel, David Pelaez

Ilustrador: David Pelaez

I-El patio de armas

El viaje, ese viaje tan cansado y enfurruñado que obliga a serpentear los caminos desiguales durante el rojizo crepúsculo de los ángeles carmesí, anunciando la persecución incesable de la luna tras el sol, allí en el senderó de la pradera, yace la silueta más indulgente y esbelta sobre una carrosa de burros risueños, envuelta en sedas blancas contemplando el espacio sideral y las nubes conglomerándose entre sí formando figuras graciosas y rechonchas.

     Pero una doncella presta prioridad en lo que respecta a sus intenciones como una dama, como una flor de lirios, como el ciervo más querido y preciado por el rey… Eso mismo… Una estúpida mujer confundida y despistada que busca tener relaciones, cuando conozca a su primer hombre. Pero esta hermosa figura errante por los campos de lirios prolongados a cada lateral del sendero, tenía otras intenciones. Ingresar como estudiante Junior en la academia real de Gladia y patearles fuertemente los traseros a sus futuros colegas.

     No, Agatha no era una doncella, se trataba de sí misma como la pirómana más despiadada, poderosa y… Con grandes senos, y más temida por todo y cada uno de los recodos y rincones oscuros de Doomina, la capital de los magos clandestinos, y desde luego, ella era una aprendiz excepcional, acababa de ser desterrada de sus aposentos por su propia madre (celosa de la proporciones bíblicas de sus senos) por miedo a que esta algún día pudiera ocasionar estrago. Más tarde, y  ese mismo día, y con todo el placer del mundo, decide marchar hacia el único lugar donde sería aceptada (no por su lindo rostro), pero aun así, temida. Los inicios de clases en la academia real de Gladia empezarían en un mes, ya las brujas y brujos de Doomina serían recibidos con los brazos abiertos allí para extender sus conocimientos, o empeorar su conducta de estercoleros. El director Mithrod, alto mando de Gladia, conocía muy bien las facultades, nada normales, de la muchacha; y por aprensión hacia Agatha se limitaba a responderle a su madre de manera negativa cada carta de petición de aceptación de la academia que ella enviaba, y era un agobio tener que enviar una y otra vez la misma petición y que esta fuera rechazada, pues recientemente, Agatha había incinerado a su águila mensajera una tarde después de clases, cuando se quedó encerrada fuera de su casa por haber perdido las llaves, y tenía hambre… Y su madre ahora debía pedir prestado la lechuza de una vecina para seguir enviando sus cartas. “apresúrate con esa lechuza amiga, que estoy chateando con un guapetón que conocí en el bar de Baldia” decía ella mientras bebían té cerca de los lares.

     Pero la ley de educación impedía a Mithrod resistirse ante la petición escolar de la madre, no le quedaba de otra, y un día tuvo que desistir, y finalmente aceptó a la muchacha tres semanas después de tanto insistir con recelo. Gracias a su madre, su hija podrá estudiar ahora en una academia decente e inmaculada… Por fin se desharía de ese horrido monstruo femenino y de grandes senos.

     Doomina estaba conectada con Gladia, y ambas formaban espada y hechicería en el mapamundi, es decir, hogar de brujos y guerreros jóvenes buscando algún propósito para lo que estaban entrenándose,  el cual algún día sucedería, pues ellos no tenían ni PlayStation, ni televisores 3D, ni mucho menos internet, en pocas palabras, no eran perdedores con comida embarrada en las comisuras y mantenidos por sus madres, mientras jugaban algún mmorpg y aseguraban haber follado con las madres de otros jugadores, y eso era lo divertido, eran parte de un auténtico mmorpg real, pero sin respawn.

     Las clases en el torreón del castillo irían a empezar en media hora, y todos los chicos y chicas, brujos y guerreros, se hallaban allí en el patio del recreo, conociéndose, asesinándose unos con otros con las miradas acosadoras y burlonas, pero si no tenías ningún estatus social, eras un pedazo de carne fresca, y no un digno contendiente del cual sentir envidia o recelo.

     Pero la gran mayoría conocía a Elekin, un joven esbelto y carismático, de lisos semi largos y fisonomía afilada, ligeramente atractivo y modesto, pero, su único contra es que… ¡Es un maldito atolondrado e hijo de puta! Le gustaba escupir el suelo cuando a su lado cruzaban personas de la realeza, se rascaba la ingle cuando le picaba (frente a todos), y se sacaba los mocos frente a su tutora de esgrima en señal de desafío a su régimen. Si, su compañía era divertida pero… No, el no tenía defectos, destruir todo con su espada y derribar puestos de verduras tras la persecución de la ley era la onda en ese entonces, y quizás en la época actual hubiese sido mal visto (te propinan balas en la sien, ¿para qué perder el tiempo persiguiendo a un desprestigiante adicto a los hongos alucinógenos?), pero para sus compañeros era simplemente, un héroe.

     Hechiceros arcanos en grupos apartados, escuchando black metal e insultado la academia y a sus estudiantes (irónico, cuando apelas cariñosamente a tu hermana por hija de puta, olvidándote por completo de que también es tu madre), guerreros discutiendo por ver quién tiene el arma con el mayor índice de daño, gordos frikis jugando rol, juego de cartas intercambiables y calabozos y dragones. Chicas hermosas empleando magia para generar maquillaje, y brujas promedias y horrendas preparando brebajes de burbujeantes sonidos engorrosos, sí, tal y como siempre ha sido. ¡La hora de entrar al torreón había llegado!

     Todos los demás brujos se aturrullan y se paralizan, al denotar la siniestra presencia de Agatha aproximarse a la clase, una de las chicas del grupo tuvo que ir al baño a cambiarse la ropa interior.

     Era un día especial, y todos los estudiantes, tanto magos como guerreros, se habían reunido en una ensalada sobre un torreón del castillo, al aire libre, cubriendo las cañoneras. La profesora, tras carraspear algo nerviosa, anuncia.

-Bienvenidos-declamó-jóvenes de Gladia, pero más bienvenidos seas, aquellos aventureros de Doomina, quienes inteligentemente eligieron nuestra facultad como manera de impulsarse al conocimiento, y quiero agradecer especialmente a todos aquellos que…

     Pero su voz apenas era un susurro delante del bullero, se opacaba y se omitía, pero nunca se detuvo, como si en verdad estuviera declamando frente a un coro de ángeles atentos y bien adiestrados.

     Una joven hablaba con otra de sus novios y las veces que los coágulos de menstruación chorreaban indiscretamente en su ropa interior (porque las brujas, cuando se excitan, chisporrotean coágulos, y no fluido vaginal como una chica normal), un chico hablaba con sus amigos de cosas que encontraba dentro de su nariz, un grupo de chicas reía y charlaban como las mejores amigas por siempre (hasta que se daban la espalda), a nadie parecía importar el hecho de tener clases y nuevos profesores, ni siquiera a Alicia, la más inteligente, una hermosa joven de labios carnosos, figura delgada y rostro indulgente, con la mirada ida al horizonte, como buscando recordar un hermoso sueño escondido dentro de la ventana de su mundo fantástico. Mucho más atrás, en la fila de los perdedores y los ñoños, un joven que había sido molestado por Elekin constantemente, llamado Noctaniel. Elekin enroscaba su brazo alrededor de su cuello, lo apretujaba y, con la otra mano, le cepillaba furiosamente los cabellos con sus nudillos, Noctaniel no podía defenderse, al menos no cuando sus colegas no estaban cerca y pudieran luchar a grandes zancadas en grupos, pero en ese momento a él no le importaba, estaba embelesado por la chica de las filas intermedias, Alicia, tanto así, que los papelillos refinados con saliva que Elekin le arrojaba a la cabeza no le importaron en lo absoluto. El único problema es, que Noctaniel era un elfo nocturno (el único de la academia), de rostro sombrío, solitario, dientes despidiendo gotas de sangre ajena, garras enfatizadas, ¡instinto de asesino, sed de sangre, enemigo número uno de los guerreros endemoniados de los demonios del infierno!; Y cabellos dorados y danzarines al ras del vendaval de las montañas, donde fabrican potentes ventiladores. Tenía ese miedo constante de que la chica no le prestaría la más mínima atención que él demandaba por órdenes de su corazón errabundo y solitario, por ser un elfo nocturno y de categoría mortífera, pero no, Noctaniel era diferente, solo que su inseguridad no lo dejaba explayar sus sentimientos, tanto así que, se ensuciaba los pantalones cada vez que intentaba hablarle.

     Agatha apenas era la nueva del grupo, y ya había conjurado un hechizo ofensivo gracias a su maestría otorgada de la piromanía, le quemó el cabello entero a un chico de las filas delanteras, y se inició una disputa, como un pogo en un concierto de Behemoth. Alicia se apartó por miedo a la revuelta, Noctaniel hizo lo mismo, ambos eran timoratos y humildes, y nunca se unían a esas peleas de niños. Todos se lanzaron conjuros mágicos, chispas, fogonazos, tajos, rompe huesos, parafernalia de acero y espectáculo de luces, divertido era el poner en práctica todo aquello para lo que fueron preparados, lo único malo, es que no existe el respawn.

-¿Quién es esa?-preguntó Elekin a un chico que tenía a su lado.

-Es esa desgraciada… Agatha, es malvada, es perversa, es vil, es… Es…

-Es perfecta-dijo Elekin terminando la frase con una mirada seductora y una boca de pato.

     Luego de la revuelta en la torre (casi todos magullados y con la nariz manando hilos de sangre), la maestra los altercó.

-¡Suficiente, mocosos insolentes!-bramó.

-Vete al diablo, perra-gritó Agatha desde el interior del tumulto, de modo que la maestra no la descubrió, aunque tanteó con el rostro enfurruñado las tantas cabezas conglomeradas entre el tumulto. Todos rieron a secas.

     El recreo llegó, y el reino animal comparaba constantemente sus ideales con el comportamiento atolondrado de los humanos, o en lo que respecta, a los estudiantes de Gladia y Doomina. Agatha, como todo animal airado a superioridad ante criaturas que supieran apreciar su magnificencia (o sus tetas), sabía que para iniciar su festín maligno, debía tener zorras a su disposición, mejor dicho, hacer amigas como toda niña corriente cuando llega nueva a un sitio de desadaptados.

     Se le enfriaron los pezones, eso ocurre cada vez que intenta divisar a sus presas desde la lejanía del recreo, donde nadie pudiera verla, pero ella sí al resto de sus compañeros, de los cuales sentía aversión. Betania era una chica rubia y de rostro redondo, pero bien definido fisonómicamente, comandaba siempre a un grupo enorme de chicas, chicas tontas, de materia fecal en su cabeza, chicas que no tienen importancia para ella, salvo dos cosas, la compañía y el estatus social. Agatha se sintió atraída por sus dotes y su promedia belleza de rubia, porque las consideraba como una presa fácil, cuando el león se abalanza hacia el abrevadero, y los antílopes corren despavoridos, pero nunca falta aquel que, extrañamente, le gusta que lo atrapen y aferren las garras, desde luego, la rubia. A Agatha le gustaba mucho la biología y el comportamiento animal, porque los relacionaba constantemente con los humanos, y lo más divertido de ello, es que ella siempre sería la protagonista del pavimento de carne y sangre, la leona.

     Ahora era el turno de Betania sentir el valor de la amistad de Agatha.

     Agatha se acerca de manera discreta, mientras el grupo de chicas, encabezado por Betania, está reunido en un círculo sobre el pastizal, hablando de sus perversidades.

     Pero Agatha se quedó parada allí, serena e inexpresiva, mirando con ojos torvos a la hermosa rubia, hasta tal punto que ella se siente incomodada por sus fulgurosos ojos.

 -Lárgate, niña nueva-gritó Betania, y las chicas le siguieron las miradas con sus ojos saltones, casi se desprendieron de sus cuencas, hasta ir a parar a la silueta de Agatha, todas cuchichearon cosas que provocaron tenues risitas de niñas traviesas.

-Eres linda-dijo, frívola y atrevida-me gustaría besarte, si a tus amigas no les importa.

-¿De qué carajos estás hablando?

-Qué me has gustado, y ahora serás mía.

-¿Te quieres ganar una paliza?

      Acto seguido,  Agatha desincorpora un pequeño labial lapislázuli, luego, con frenesí se embarra sus carnosos labios fuera de las comisuras y del bigote como un niño rayando las paredes con una crayola, hasta parecer una payasa prostituta.

-Quiero ver que lo intentes, amor mío-dijo ella, y su boca al hablar parecía una pequeña mancha negra entre tanto maquillaje desparramado, las chicas se rieron ante tal espectáculo extravagante.

-Como quieras, perra, prepárate-Extrajo una flecha de su alhaja y con ella prensó el hilo de un arco, apuntó a su cráneo, y sus amigas expresaron un OOHHH de asombro. Segundos después, las manos le sudaban como cochino al grill, sus amigas no paraban de vociferar cosas como “mata a esa perra” o “asesínala” o “enséñale quien manda, Betania” o “genial, me llegó la menstruación”.

     A continuación, Agatha abre de manera descomunal su boca, su mandíbula crujió, y de su garganta contraída despide una bola ígnea que fue a impactar a Betania, pero no la hirió, en vez de eso desintegró el arco y la flecha al acto, parecía una mima tratando de disparar un arco que no tenía en sus manos. Agatha, jovial por su victoria, se acerca de manera atrevida y se abalanza encima de ella, unos gemidos sordos e inaudibles se emiten de Betania, como si la asfixiara.

     El rostro de Agatha carecía de algún rastro de pintura de labios en su rostro, pero Betania tenía toda su boca estrujada y delirante de un lapislázuli brillante y corrompedor. Ella se va corriendo fuera del patio de la academia, avergonzada, sollozando, sus amigas no pudieron detenerla, o castigar el poderío de Agatha.

-Desde hoy, seré su nueva líder.

     Y todas gritaron “vivaaa” o “a fin de cuentas, Betania me caía mal”

     En clases todo era distinto, y hasta en los campos de entrenamiento Elekin la miraba, con recelo  augurando deseo, sus ojos eran cruelmente castigados con el refulgir de tan dotada belleza siniestra femenina, y ella, mientras encabezaba una conversa con sus nuevas amigas, le devolvía los favores espetándolo furiosamente con su mirada perforadora de Valkiria suprema, su dedo se enjugaba tiernamente en la humedad de su lengua, un vendaval agitaba sensualmente sus cabellos negros, tan negros como la pez. Una pequeña pero notoria erección monta un campamento púbico en lo más profundo de sus pantalones, sus compañeros se rieron al ver aquello. Risotadas, carcajadas, burlas y comentarios satíricos se dispararon como fuegos artificiales de las gargantas presentes, incluso Noctaniel, junto con su grupo, se unieron al festín de regocijo.

-Cállense, imbéciles, sobre todo tu, Noctaniel-bramó.

     Pero, mientras la erección de sus pantalones y las risas de sus compañeros lo colocaban en burla pública, su cerebro de garbanzo maquinaba nuevas ideas, para enamorar a una jinete del mal, él debía realizar actos de maldad, y hasta mucho mejor de lo que ella lo haría, solo así se fijaría en él y finalmente formarían una hermosa pareja de sociópatas degenerados.

     Alicia estaba en otra facultad, recibiendo teoría sobre el cuidado de dragones domesticados, pero Noctaniel, quien se hallaba en clase de sigilo y asesinato (por lo general, los que eligieron carreras de esta índole, reciben clases en un bosque espeso y cubierto totalmente de lobreguez, únicamente iluminado por los setos y su fulguroso verdor) frecuentaba la rejilla del patio de armas, trepaba por sus asideros, y la escrutaba en horas de recreo, y durante la jornada,  la contemplaba en sus pensamientos, más de una vez tuvieron que chasquearle los dedos cerca del entrecejo para hacerlo despertar.

-El elfo está enamorado, el elfo está enamorado-se burlaba Donquen, un compañero de clases, mientras escuchaban teoría del asesinato a traición de las fauces de su profesora Aila (sexy, cabe destacar).

-Oh Donquen-empezó el enamorado-tres años aturrullado por esa chica, tres años intentando acercármele, y tres años han sido suficientes como afrontar la verdad, soy un cobarde, y sin bien no es suficiente mi desdén, se que ella siente aversión por mí-se lo decía a Donquen, un joven redondo como queso paisa, y salpicado de pecas en su rostro como queso roquefort, como si un cepillo de dientes lleno de mierda en sus cerdas hubiese sido estrujado con un dedo sobre las puntas frente a su cara.

-Eres un completo idiota, tan fácil que es acercársele a una chica y pedirle salir juntos.

-Eso es muy fácil para ti, que has sido rechazado millones de veces-dijo Noctaniel, apoyando su mentón sobre sus puntiagudos nudillos, intentando escuchar la clase de la profesora con los ojos entrecerrados.

-Desde luego que no, bueno…Casi siempre es así pero, diez de cada millón acepta mi invitación.

-Noctaniel-esta vez dice otro compañero a su lado, Etel, lo opuesto a Donquen, escuálido como un popote parlante-debes adquirir todo el valor posible, y decírselo, este es el último año en la academia, pues ya nos graduaremos en cuanto nos pongan a prueba con un desafío del que todos sienten pavor.

-Lo sé, amigos, debo intentarlo, mañana, cuando este libre, treparé por esa baya y me acercaré a compartir mi almuerzo con ella.

-No creo que a las chicas humanas les guste comer carne de guiverno bañado en escamas de dragón con aderezo de sangre de grifo.

     Esa última parte no prestó ni ínfima atención a Etel, todavía se devanaba los sesos, y buscaba las mil y un maneras de emplear su plan maestro al día siguiente.

     Todos conocían el examen final,  que se llevaría a cabo en pocos meses, y después de eso (si se salía vivo de la prueba) no se volverían a ver nunca más, pues Alicia se mudaría lejos a Arista Chica, un paraíso, una utopía de comarcas compartiendo no solo diferentes culturas y costumbres, sino hogar de muchas criaturas antropomorfas conviviendo con humanos. Al desertar Betania, Agatha ahora era líder de las brujitas rubias, Elekin y Noctaniel apostaban celosamente planes para conquistar a sus amadas, La profesora de arquería se revolcaba con Mithrod en la oficina del decanato, sí, todo marchaba con mera naturalidad, pero la inminente prueba final, pronto arribará a sus atolondradas mentes para ponerle los pelos erectos a la gloria.

 

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