Colmillos De Leon

Lion_1_by_Dokuro

 

Capítulo 2

Una oportunidad de vivir

Autor: Manuel Castillo.

No pasó mucho para que el rey portara su ropa elegante adormentada con el sol y el león como símbolos representativos, colgando de su cintura a un lado de su mano derecha su espada, y en su espalda un escudo de mano. El rey era bastante joven; su pelo largo de color castaño semi-oscuro llegándole a los hombros, sus ojos color mostaza penetrantes que demostraban una pureza digna del portador de la corona y al mismo tiempo la fría amargura de las guerras y la sabiduría; ayudadas por su típica sonrisa despreocupada haciendo fuego con su piel morena en un vals armonioso de carisma y talento.

 

 

   El rey y su hijo ya estaban en sus respectivos caballos, agarrados firmemente y predispuestos a partir hacia su siguiente destino, y así como el eco resonante de los lobos que se pierde a lo largo y ancho de las frías montañas salieron fuera del castillo más allá de donde alcanzaba la vista.

 

En medio del galope el joven príncipe vio cómo se acercaban al pueblo más cercano del castillo; El pueblo de Gafnea conocido por su impresionante comercio y exportación de bienes a otros reinos y uno de los mayores auxiliares en el mismo, pero de repente el rey Beltrán dio un giro inesperado, rodeando el pueblo y cruzando por las colinas y bosques más frondosos del reino, adentrándose más y más en territorio que para el joven príncipe era completamente irregular y desconocido.

 

Ya habían pasado varias horas, tantas que el sol ya estaba en el crepúsculo dejando el escenario a su esposa la luna para iluminar la flamante noche estrellada de ese día, el príncipe miro un momento al cielo para poder presencia la llegada de la luna y la despedida del sol y solo con ese poco tiempo de distracción inocente fue más que suficiente para perder de vista al padre y quedar completamente sumiso a la oscuridad y sus peligros, la respiración del pobre joven se agito de súbito, sus ojos atemorizados mirando de un lado a otros sin poder encontrar un punto de apoyo para poder regresar o encontrar a su padre.

 

El silencio y el frio azotaban el bosque de una manera abrumadora, solo se escuchaba el silbido agudo del viento pasando entre los arboles huecos del panorama, y la imaginación del joven haciéndole jugarretas en un baile de horro y penas que terminaban en un llanto incesante, el pobre joven no lo soporto más y se bajó del caballo para tomar agua que estaba cerca de un manantial que encontró de tanto dar vueltas por el bosque, al acercarse al claro de agua iluminado vagamente por la luz de la luna solo escucho un galope fuerte detrás de él cuándo se dio media vuelta para divisar que pasaba solo se dio cuenta que su caballo había desaparecido.

 

Este acto desespero al joven de una manera inimaginable; ya que nunca espero que el caballo donde iba montado al comienzo de este día, y que lo cuidaba tanto desde que lo compraron cuando apenas era un potro, lo haya abandonado de una manera tan fría y egoísta, después de esto solo el silencio quedo, hundido en el hambre y la soledad y abrazando sus piernas en posición fetal sentado entre las raíces superficiales de un árbol un sonido nada fuerte y muy alejado de su posición actual lo puso alerta.

 

El joven tomo un palo del suelo y acercando agachado y sigiloso trato de observar que producía este ruido, entre más y más se acerca se dio cuenta que este ruido era muy parecido a un maullido o algo muy similar proveniente de un hueco bastante amplio, al acercarse se dio cuenta que era una cría de león pero de un pelaje negro; tan negro como la mismísima noche sin luna ni estrellas, gruñendo desesperadamente por ayuda, el joven al fijarse bien noto que tenía una de sus patas traseras rota; la izquierda precisamente, lo cual le dificultaba e impedía al pobre poder subir y salir de ahí, el muchacho ni dudo ni titubeo solo salto al enorme hueco y salvó al león negro entre sus brazos.

 

El muchacho noto que la cría estaba bastante agitada, con frio, frustrada por el dolor, rápidamente tomo con la criatura en brazos dos trozos de madera regados cerca de allí, arranco parte de la tela de su camisa, coloco ambas partes de madera sobre la pata rota y aplico presión con la tela para poder alinear temporalmente el hueso, después volvió el silencio.

 

Ya por la ubicación de la luna el muchacho sabía que era media noche, y tenía bastante hambre y frio, pero estaba feliz porque no estaba solo, ya que esta cría de león después de ver tan gran gesto del joven se quedó a su lado para hacerle compañía, aun con hambre y frio el muchacho exclama.

 

     -Qué bueno que me hagas compañía-le dice al león- es increíble como alguien que acabas de conocer y lo ayudas sin esperar nada te aprecia más que alguien que por decirlo así conoces por mero interés monetario.

 

Con estas palabras el muchacho no dijo más, se quedó en silencio acariciando suave y tranquilamente al león como si de un gato se tratara, pero algo lo inquietó, un olor familiar a quemado, chamuscado, como si alguien estuviera cocinando, despertó al león que estaba dormido gracias a las caricias del joven; quizás porque le recordaban a su madre, y sigilosamente fueron guiándose entre la maleza por el olor de la carne chamuscándose y friéndose bajo una tenue fogata divisada a pocos pies de donde ellos estaban, se acercaron y no vieron a nadie allí; en la naturaleza sobrevivir es una prioridad y los estatus no sirven de nada.

 

Se acercaron rápidamente como si un ángel les cayera del cielo y comenzaron a comer, el joven le dio primero de comer al león ya que supuso que estaba bastante hambriento, y luego se dispuso a comer él, después de disfrutar de la cena volvieron a sentarse uno cerca del otro cerca del fuego que alegremente estaba ahí para quitarles el frio de sus caras y darles algo de calor, cuando alguien exclama.

 

–       ¿Les ha fascinado la comida?-dice la voz desde atrás de nuestros aventureros- no se preocupen no creo que un viejo como yo les vaya a causar problemas.

 

El joven se dio media vuelta para lograr ver quien producía esta voz tan vieja y aplacada; era una persona de bastante edad pero no llegaba a la vejes total, muchos de sus rasgos lo demostraban, su pelo grisáceo por las canas pero aun manteniendo su fulminante color negro que en otra época se hubiera visto mucho mejor, ojos color azul zafiro, piel morena clara, vestido elegantemente con túnicas representativas del león y el sol seguidas por representaciones a la naturaleza de color verde entre claro y oscuro y entre sus manos un bastón con talladura de león de arriba-abajo, el muchacho sin decir más solo contesta.

 

–       Si señor nos ayudó bastante, si no fuera por usted nos hubiéramos muerto de hambre-dice el joven-

 

–       ¿Nos? Es decir que este pequeñín vine contigo-responde mientras mira al león-

 

–       No diría que viene conmigo, más bien lo ayude, cuando nadie más podía hacerlo-exclamo el joven con un poco de melancolía en su voz- en realidad si no fuera por él probablemente me hubiera ganado la derrota y solo habría muerto sin más ni menos, pero gracias al suceso que nos llevó a encontrarnos pude sentirme mucho mejor conmigo mismo.

 

–       Entonces a esto lo llamaríamos un encuentro predestinado mi joven Arthur,-exclama el viejo- al igual que estaba predestinado que vinieras aquí hoy para ver de que estabas hecho, por ahora descansa-dice cuando se percata que el príncipe está a punto de interrumpirlo solo por saber cómo sabia su nombre- tu padre vendrá por ti en la mañana, ya está enterado de donde estas, yo mismo envié la señal de que estabas bien.

 

El joven no entendió lo que quiso decir el anciano, pero le alegraba saber que conocía a su padre y más aún que era de confianza, antes de quedarse dormido el viejo le  da un último tema de conversación.

 

–       Y dime Arthur, ¿cómo piensas llamar a tu nuevo amigo?-pregunta repentinamente-

 

–       ¿Debería de ponerle un nombre?-responde el joven dudoso- ¿no es como si él fuera a venir conmigo o sí?

 

 

–       Esa pregunta el fácil de responder, al igual que también es fácil de responder por qué el caballo que te compraron desde que era un potro te dejo a tu suerte sin ninguna necesidad-dice el anciano- te pregunto, ¿Qué es más fiel el perro que compras o el perro que ayudas?

 

El muchacho se quedó callado, como si la respuesta que quisiera decir se la respondió la propia experiencia vivida.

 

–       Aratos…-dice el joven suavemente mientras el sueño le gana- ese sería un buen nombre para un compañero como él.

 

El muchacho vio como el anciano sonreía y juro escuchar como decía “pues que así sea, cuídalo bien…”, al día siguiente el muchacho despertó en su alcoba como si nada de lo pasado ayer hubiera sucedido a excepción de un pequeño león negro acostado a su lado que le decía todo lo contrario.

 

 

Fácilmente las personas juzgan más lo material que lo que en realidad importa, al igual que ahora, importa más un amigo leal que uno que te sigue por el dinero o tu estatus social.

 

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