III-Temporada de cenizas: Fenrir, el líder de los berserkers

Noctaniel, David Pelaez

Autor:  Paolo Bonsignore

Anteriormente:

Parte. 1: Te sostendré la mano si me apoyas. 

Parte. 2: Persecución en el mercado de Gladia. 

El sol rizón y Xenofóbico despide su brillo sobre la humilde plebe, mientras que los de sangre azul se joden, con un gris cielo de luz carente.

Sobre la región de Gladia se trazaban tiernos pigmentos de rojo infernal en el cielo, anunciando el final de una jornada sosegada por aventureros intrépidos. 17 de Agosto, fecha en que se celebra el inicio de Cruacath, la tempestad de los Wyverns y su llegada al mundo boreal, un evento natural que dura aproximadamente un mes cada año. Y un mes entero, al igual que toda Gladia, el castillo y el cielo se ven sumidos en una tarde crepuscular con invierno; invierno de una constante lluvia de copos de cenizas cayendo tan sutilmente como las hojas de un fresno muerto. Todos los estudiantes iban y venían con sus capuchas protegiéndose de aquel fenómeno del ocaso, sus rostros tristes y angustiados se escondían bajo la  visera de sus trapos, pues sabían que la víspera de la prueba final tenía mucha relación con aquella precipitación de antaño, lo que las sombras de las montañas esconden abajo.

La tarde nunca terminaría, sino hasta pasado el mes entero.

Las clases se volvieron menos teóricas y más prácticas, incluso algunos, tanto magos como guerreros Gladianos, tuvieron que retirarse y desertar aquellas pruebas salvajes y poco usuales para ser sostenidas con su naturaleza humana.

Los desertores ya han recibido un castigo mucho mayor que la muerte, y es conservar sus vidas, en las cuales nunca podrán olvidar lo inútiles e incompetentes que son.

Cada día las clases se hacían más difíciles que dios concediendo milagros, cada día el ambiente más volátil, las cenizas castigándolos cruelmente, todo es tan confuso, todo ha dejado de ser color rosa, los estudiantes sienten temor, incluso Alicia ha empezado a temer de el cuidado de los dragones domesticados.

Alicia ha tenido que aguantar no solo la dificultad intransigente de las pruebas, sino la compañía incondicional de Agatha, la tempestuosa bruja renegada de Doomia quien se encariñó furtivamente con ella desde aquel día en la cafetería, ahora todos temen de esas dos muchachas con intensiones desconocidas, yendo de aquí para allá por los lares del castillo y sus alrededores, ella con la mirada perdida hacia sus compañeros afligidos y atemorizados, la bruja con vista hacia el horizonte rojizo  esperando el final de las clases.

Pero los días de Cruacath fueron aun más duros para el joven Noctániel, sin compañía, y las cenizas yacientes evitaban ver las lágrimas correr por su rostro cuando daba esas caminatas en las horas libres. Solitario y distante, casi tragado por el cielo escarlata. Todo se volvió en aflicción cuando ese día Mithrod le condicionó su estadía en la academia, advirtiéndole que por ningún motivo se acercara a su queridísima sobrina, Alicia, y de igual manera este se lo pidió a Alicia.

-No quiero verte con ese pequeño ladronzuelo, Alicia, ¿quedó claro?

-Sí…Tío-dijo ella, frívola, inexpresiva, y desde hace dos meses ha sido así, sin excepciones, hasta tal punto de que Noctániel había desaparecido de sus pensamientos y de su mundo.

Tiempo después, el elfo se sentía emocionalmente apoyado por sus fieles compañeros, Arthur y Donquen, quienes lo acompañaban en su festín de aflicción a donde quiera que este pisara.  Durante las horas libres ya no se instalaban a conversar en las mesas donde jugaban juego de cartas intercambiables con sus compañeros, sino que se sentaban en un rincón oscuro opacado por una brecha negra, siendo ignorado por el resto del mundo, mientras que ellos veían hacia la lejanía cómo se divertían todos.

-Desde hace ya dos meses la gente no quiere juntarse con nosotros-Dijo Donquen, recostado de un muro sobre el pastizal como sus compañeros.

-Todos creen que Noctaniel robó esa varita-agregó Arthur-Y quizás crean que también participamos en ello

-¿Y no lo van a creer? El muy imbécil asimiló toda la culpa frente a todos, cuando ya se estaban llevado preso a Elekin

-Oye, gordo, eso no ayudará a Noctániel a sentirse mejor

-¿A sentirse mejor? Si es por él que ya las chicas ni se nos acercan.

-Ninguna chica se ha acercado a ti, culo gordo

Pero Noctániel ni se preocupó en participar en los convencionales temas inmaduros que frecuentaban sus compañeros, ni mostró risa ante tal acto juvenil, sino que meditaba, meditaba una y otra vez con la vista hacia el infinito.

-Espero que hayas aprendido una valiosa lección sobre todo esto, Noctániel-dijo Arthur al elfo nocturno

-¿Qué debí aprender?-preguntó, indiferente

-Que no importa qué tan complicadas estén las cosas para uno mismo, los verdaderos amigos siempre estarán allí para levantarte por los hombros y ayudarte a encarar las dificultades-y mientras lo decía, un director de teatro exaltado y sollozante aplaudía a las emotivas palabras de Arthur.

-¿Y eso qué tiene que ver con el robo de la varita? Pedazo de idiota-Se estrujó los cabellos dorados, se levantó del pasto y abandonó el lugar donde yacían sus amigos, ese día se sentó solo en la cafetería durante el almuerzo, y los copos de cenizas no dejaban de caer.

Seis días después del inicio de las cenizas de Cruacath, Mithrod había convocado una gran reunión de todos los estudiantes en las afueras de los terrenos del castillo, una tarde después de haber culminado todas las clases de ese día. Justo como en el primer día de presentación y la charla motivacional de una profesora con problemas de párkinson que terminó siendo saboteada por Agatha y la troupe de desastrosos estudiantes, pero esta vez los más serios, formidables e intrépidos habían restado de tantos novatos que no pudieron soportar el año escolar, generalmente algunos se jubilaban para jugar World of Warcraft y sus calificaciones bajaban en el ámbito teórico, y los que trataban de esquivar el ámbito práctico, eran severamente castigados o expulsados, pues tal actitud Pussy no era tolerado en ninguna facultad de la era mágica de Infernolia.

El mago carraspea un poco antes de declamar

-Buenas tardes a todos, valientes guerreros y brujos de la academia de Gladia, yo, el rector Mithrod, los he convocado hoy en día para un importante anuncio sobre lo que ocurrirá en los próximos días de clases, y supongo que ya se hacen una idea sobre ello.

Tras una pausa, y tal como en el primer día, Agatha exclama y sin ser notada entre todo el tumulto de jóvenes.

-¡A nadie le importa, anciano!

Alicia, que estaba a su lado, le propina un breve pero fuerte pellizco.

-Agatha, ¿qué te he dicho sobre respetar a los profesores?

-Dijiste “los profesores”, no a los rectores… Está bien, solo bromeaba

Y Agatha termina su frase con su boca muy próxima al oído de Alicia.

-Pero me debes ese pellizco, querida, nadie puede tocarme de esa manera-y su lengua acaricia sensualmente el contorno de su oreja.

Mientras, y sin haberle prestado atención al atentado de Agatha, Mithrod continuaba su declamación.

-… Y durante años se ha manifestado este fenómeno conocido como el inicio de Cruacath, consistiendo en la progresiva llegada de las cenizas y con ellas el rugir de los Wyverns, bestias aladas semejante a los dragones, pero altamente venenosos y sagaces en el juego sucio…

Un muchacho alto había levantado la mano

-¿Sí, Thomas?-Atendió Mithrod.

-Señor, dicen que el excremento de Wyvern es altamente volátil  que durante meses de fermentación estos explotan a un radio de altas proporciones provocando que se condensen de manera negativa en las nubes y se convierta en una lluvia de cenizas.

Y al escuchar eso, unas chicas se estrujaban las lenguas mientras exclamaban asqueadas

-Eso todavía sigue siendo un mito, señor Thomas-respondió Mithrod apresurando su respuesta, maquinando algo que pudiera evitar un pánico en cadena.

-¿Estas cenizas no provocan impotencia sexual?-preguntó otro

-Desde luego que no, de lo contrario, se suspenderían las clases.

-Rector Mithrod-intervino una chica de lentes e inexorable belleza

-¿Ahora qué?-respondió algo agobiado.

-¿Qué opina sobre la posibilidad de adaptar la filosofía a la comprensión de la paradoja de la dualidad onda crepúsculo explicada por la mecánica cuántica?

-Qué carajos…

-Rector

-¿Qué?-gruñó esta vez

-¿Por qué no me dejan comprarle a Soraka ítems de attack damage?

-¡SUFICIENTE, CALLENSE Y PRESTEN ATENCIÓN, QUE ESTO ES SERIO!-todos se aturrullaron y las preguntas cesaron.

-Muy bien, ya les he explicado todo acerca del fenómeno de Cruacath, y la prueba final, que los designará en una de las más importantes lecciones jamás enseñadas de la academia, tendrá que ver mucho en ello, será en parejas, pues hacerlo solo conllevaría la derrota inmediata, es nuestro plan de filosofía, así que, manos a la obra, busquen a un fiel compañero para la prueba de sus vidas.

Todo estalló en murmullos y cuchicheos, los profesores y alumnos no podían creerlo, pues el nuevo plan de Mithrod y su implementación de una prueba final aun sin aclarar del todo, era un nuevo método para que en aquel año escolar egresaran los mejores guerreros y brujos de toda Infernolia, aunque eso fuera algo mucho más allá del entendimiento de todos.

“Temo que Mithrod se está volviendo un demente, si piensa hacer lo que estoy creyendo que hará”, murmuró la profesora de El cuidado de los dragones domesticados

Los días pasaban y las cenizas no cesaban.

Agatha se sentía menos violenta estando al flanco de Alicia, pero todavía seguía haciendo de las suyas contra el ente estudiantil como mejor sabía hacerlo, algunos decían que provocar su tempestad le era más satisfactorio que el mismo placer sexual, solo una minoría creía que su conducta era represalia o influencia del algún extraño hecho de su oscuro pasado, el misterio de Agatha era tan minucioso como sus puños y sus llamaradas chamuscando a los que le hacía bullying.

Aquel mismo día, Agatha sucumbió a un chico llamado Castaño, uno de los brabucones de la academia, ella le escupía improperios, y él en posición fetal alzando sus palmas en modo defensivo impedía que le siguiera golpeando con sus puños llameantes de la piromanía. Su rostro magullado y sus trapos quemados era evidencia clara de que jamás en su vida se le olvidaría la humillación pública.

-Arrodíllate y pídeme perdón-decía ella con su imponente voz femenina superior, mientras lo sujetaba por los cabellos de la nuca.

Por orgullo, el muchacho se quedó tan serio y observador con sangre chorreando de su nariz, y una sonrisa burlona e indiferente mana por sus labios, esto hizo enfurecer más a la bruja de fuego.

-¡Pídeme perdón!-bramó, pero castaño, a pesar de su sonrisa burlona y desafiante, en el fondo sentía la derrota y el sucumbir de sus puños contra los de ella, su alma se sintió herida, y su pequeño cerebro no pudo asimilar que “esta vez el cazador fue cazado” como diría Agatha comparando la situación con las metáforas del reino animal.

-¡Maldito, he dicho que te arrodilles y me pidas perdón!-esta vez escupió sangre, y sus dientes se asemejaban a los de un hombre amante del sexo menstrual. Ninguno de los presentes se atrevió a detener la pelea, o la masacre, pero siempre hay excepciones, siempre, en estas ridículas historias de fantasía siempre hay un individuo que sobresale de los límites establecidos por el mismo escritor.

-Agatha, ya fue suficiente-dijo Alicia, quien no tuvo problemas para abrirse paso por entre el público, pues el mismo deseaba una intervención incluso hasta la de un conejo (para ver correr más sangre, desde luego).

-Este impertinente emite piropos asquerosos a cualquier chica que ve pasar a su frente, y eso me molesta… ¡Mucho!

-Ya tuvo suficiente, no lo volverá a hacer, por favor, si sigues, lo matarás y te expulsarán, ven conmigo-y le extiende la mano, Agatha lo pensó detenidamente, y finalmente el león, quien sucumbía con sus garras al matón del matadero, sucumbió ante las palabras sutiles de un cordero. Ambas se alejaban poco a poco de aquel tumulto y poco después…

-Eso es, hazle caso a tu dueña, perra sin cadena…-El joven arrodillado y ensangrentado, gastó las últimas bolas que le quedaban para tal acto de arrogancia, todos exclamaron ante tal impertinencia.

-¿Puedo darle una lección, Alicia?

-Adelante

Desde ese día, Castaño no volvió a meterse con ningún inferior durante todo el año académico, dicen y que poco después empezaba a dudar de su sexualidad por lo herido que salió ese día, día que jamás olvidaría, pues había sido derrotado por una chica, y no cualquier chica, Agatha, la bruja pirómana de Doomia.

Noctániel no podía ver de frente a Alicia cuando la encontraba eventualmente, porque cuando lo hacía, ésta volteaba hacia otro lado, apenada por su desdicha.

“Ella debe de pensar también que soy un ladrón, lo sé” pensó.

Y era de suponer, ya que Alicia no soportaba la mirada del elfo más de un segundo, pues enseguida viraba su gentil rostro hacia un lugar donde él no estaría invadiendo sus vidriosas pupilas, y esquivaba los ojos espetando del elfo nocturno. Todos veían a Noctaniel con cierta lástima y pena, y eso lo incomodó más frente a su amor prohibido, y con resignación, se aleja hacia los cauces del bosque Plumasdegrifo, y se alejaba de todas esas miradas penetrantes y lúgubres, pero ninguna de ellas se comparaba con la de la sobrina de Mithrod.

Nadie tuvo un semestre más doloroso que Noctániel, pues aparte de su amor no correspondido, gracias a aquel suceso del robo de la varita en el mercado de Gladia, sus clases eran exclusivas. Un profesor llamado Morgan,  espadachín  élite especializado en la metodología aplicada a criaturas y humanos, enseñaba a chicos especiales con conductas especiales, matones sanguinarios, de rostros cortados y temperamento volátil, y el pobre Noctániel debía compartir una clase con ellos eventualmente cuando no tenía que soportar la discriminación de sus compañeros. Y un día, cuando tocó subir la dificultad de las clases, las cosas fueron de mal en peor para el pobre elfo nocturno.

-Hoy desarrollaremos un nuevo concepto para probar sus habilidades, muchachos-decía Morgan a su clase, llena de mastodontes fornidos y algunos de rostro cavernícola y otros de asesinos drogadictos, y el más pequeño e insignificante, el elfo nocturno-¿Han oído hablar del sistema EvE?

-No, señor-respondió uno de los más altos, delgados y de rostro pálido-sería, sería… Interesante-(el pobre se crispaba, sus párpados eran intermitentes, en señal de que en cualquier momento, si perdía los estribos, podría desencadenar una furia sangrienta como un berserker)-sería interesante, si nos, si nos enseñara algo de EvE

-Muy bien, Valgard-respondió Morgan con aprobación y sobriedad-EvE son las siglas de estudiante contra estudiante. Si, señores, combatirán unos con otros mano a mano, y veremos quién de ustedes es el más formidable y astuto.

-¡Por fin podré aniquilarlos a todos ustedes de manera justa y sin que me expulsen, malnacidos!-bramó uno de los más musculosos y atontados, con una voz monstruosa y gutural mientras que batía su puño contra el pupitre y lo quebraba en pedazos.

-Cerraré tu asqueroso pico de un solo puñetazo para ver si sigues hablando estupideces-respondió otro.

-¡Hagan algo de silencio, y déjenme ir llamándolos por pareja!-gritó Morgan.

“Estoy perdido, me harán papilla…” pensó Noctániel, y los pelos se le erizaban cuando tocaba al profesor llamar a las respectivas parejas.

-Fenrir, Horacio

Ambos muchachos se levantaron de sus pupitres y a campo abierto se miraron con ojos torvos y sanguinarios.

-Espadas en alto-bramó el profesor-preparados. Empiecen.

Ambos metales chocaron y chillaron por el estruendo de sus amos, Horacio tajó a nivel de los tobillos, y con gran astucia Fenrir lo evitan con un salto hacia atrás, dejando el piso hendido como por una enorme tempestad. Fenrir contraataca con un golpe centrado, y las maniobras evasivas de Horacio logran agotarlo físicamente, Horacio, con un golpe de revés, logra ofender ligeramente a su contendiente con un tajo en diagonal hacia su torso, a continuación, Fenrir suelta su espada, y cuando Horacio ríe mientras lame la sangre de la hoja, una especie de transmutación corporal se apodera de Fenrir, su piel se desgarra, sus tendones manan de su cuerpo raído como tela gastada, y finalmente, ante Horacio se presenta un enorme lobo de pelaje negro y ojos rojos como el infierno, enseguida se abalanza contra Horacio, quien había descuidado su guardia, y el lobo noquea a este con sus patas delanteras, y antes de que pudiera desgarrarlo por completo con sus zarpas, el profesor Morgan lo empuja por el flanco.

-Suficiente, Fenrir-dijo a este, volviendo a su forma humana de manera inmediata.

“por favor, que no diga mi nombre, que no diga mi nombre, que no diga mi nombre” pensó Noctániel con los dedos cruzados y los pelos de punta.

-Thantor, Noctániel-gritó este.

Noctaniel giró en torno a su cuello y observó a Thantor, un enorme mastodonte con yelmo de vikingo y una risa siniestra riéndose de la suerte del elfo nocturno mientras se crujía los nudillos.

-Salgan al frente, ahora

Noctániel fue el primero en levantarse de su puesto, el profesor le murmuró algo mientras blandía su espada-No quiero desmotivarte, pero no sobrevivirás a esto, muchacho-Noctaniel engulló del susto.

Thantor se levanta de su mesa, y tras un golpe de revés con su único puño (porque el otro puño lo había perdido a causa del ataque de un Wyvern hacía años, y como reemplazo, tenía un gancho mecánico) la mesa salió dispara hacia el aire en pedazos y astillas, tomó la silla por el respaldar y la lanzó tan fuerte hacia el firmamento que llegó al espacio exterior y golpeó fuertemente la cabeza de uno de los clones del elenco de la guerra de las galaxias.

Cuando estuvo frente a Noctániel, lo miró desde su descomunal altura, tomó su espada, desarmando al elfo nocturno, y la masticó hasta convertirla en un chicloso metal masticado y babeado. Cuando la arrojó a un lado, dijo.

-Te voy hacer picadillos, enano

-Espadas… Quiero decir, puños al frente. Preparados. Empiecen.

Fue Thantor quien inició el primer estrecho de manos, o mejor dicho, el primer estrecho de caras. Un proyectil cerrado fue a dar contra el pobre Noctániel, tras un salto lateral este logra evadir el enorme puñetazo que provocó una fisura en el suelo verdoso, pero allí no se detiene, la furia lo domina por el golpe fallido y su poca precisión a causa de su descomunal peso, nuevamente intenta agredir salvajemente al elfo, y Noctániel corre sin detenerte para evitar una patada ascendente que hendió el suelo.

-Me limpiaré los dientes con tus huesos cuando acabe contigo.

Una ráfaga de puños se abalanzó como una locomotora hacia el elfo nocturno, Noctániel no se dejó agredir, pero Thantor lo persiguió sin cesar. A continuación, el elfo nocturno, muy vigoroso y decidido, se lanza bajo las piernas de su oponente, cayendo de bruces por su retaguardia, sus puños empezaron a castigar cruelmente a Thantor a medida que este giraba lentamente, y el rostro de Noctániel se corrompió en total pavor al ver que su ofensiva no tenía ni el más minio efecto contra éste. Thantor, con una sonrisa torva y siniestra y un chasquido de su lengua, toma a Noctániel por el cuello, lo alza como una copa de vino tinto y prepara su gancho listo para dispararse contra la cabeza del elfo nocturno.

-Haré un poco de arquitectura con tu rostro, ¡prepárate!-dijo, y antes de que pudiera disparar el gancho, ocurrió algo interesante.

La misma energía de la que disfrutaba el elfo nocturno cuando se defendió del guardia el día de la persecución se estaba proyectando nuevamente dentro de su ser, sus ojos se tornaron de un rojo infernal, sus manos, que en ese momento intentaban aparatar en un intento desesperado la pesada mano de Thantor que estrangulaba su cuello, emitieron uñas negras y filosas, y cuando estas crecieron hasta tal punto que parecía una prostituta descuidada, Thantor gritó del terrible dolor al sentir como estas se  enterraban y se colaban por sus tendones, su única mano sangró, y mientras intentaba chuparse la sangre manante, Noctániel se abalanzó salvajemente sobre este, lanzando una ráfaga de garras que magullaron ferozmente al mastodonte y lo hicieron virar de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, Thantor cayó al suelo y la tierra tembló bajo los pies de los presentes, con miles de fisuras en su rostro y extremidades chorreando sangre a hilos.

Ese día caían cenizas, y el profesor Morgan no lo podía creer.

-Esto es imposible… Tú, venciste a Thantor…

Noctániel se limitó a callar, sus garras se guardaban bajo sus hombros y su mirada impregnaba ese miedo que indicaba que aun se hallaba defensivo ante cualquier cosa.

-Se suponía… Se suponía que…

-¿Debía perder ante él?

-No, aprender un poco de respeto, por eso estás aquí, por eso TODOS ESTÁN AQUÍ, CUERDA DE IMBÉCILES DESADAPTADOS, y respeto es algo de lo que aun careces, pues me has contestado deliberadamente.

-¿Qué ocurre, querido tutor? ¿Acaso le molesta que un elfo nocturno le haya enseñado un poco de honor?

-¡Fenrir, ensénale un poco de respeto a esta asquerosa criatura albina!

Todos se levantaron de sus mesas y pupitres para chismear la sangre que pronto se derramaría, Valgard observaba a Noctániel de la misma manera como él lo observaba, Noctániel no se inmutó, nunca mostró debilidad, pero nunca está demás correr en esas situaciones apretadas.

Las cenizas no cesaban de llover.

Noctaniel corrió como mejor pudo, pues era de día, y los elfos nocturnos durante el sol no presentan mucho poder y destreza como la noche se los otorgaría. Fenrir arranca un árbol desde la raíz  y lo avienta en el aire con todas sus fuerzas, directo al pobre Noctániel, y los codos del pobre elfo parecían pistones de locomotora, corría a toda pastilla, pero para su suerte el árbol que le habían atentado cayó justo frente a su camino, no pudo continuar su maratón hacia los portales del castillo y finalmente salvarse de aquel antisocial, así que viró su marcha hacia el bosque Plumasdegrifo, donde, a pesar de los robles obstaculizando su huida, nunca aminoró el paso, pero el miedo y la fatiga pronto lo envolverían en una fugaz desesperación y lo sucumbirían a los pocos segundos.

Morgan les ordenó a todos que no se adentraran allí a ver la (masacre) pelea y le pidió a Fenrir que lo persiguiera y se lo comiera vivo, pues transformado en lobo no le perdería el rastro… ni el rostro.

-¡No huyas, maldito cobarde, y enfrenta tu destino-bramó Fenrir con su vibrato de voz gutural, y de la misma manera que la anterior, su cuerpo empieza a padecer la transformación de un enorme lobo sediento de sangre y vísceras desprendidas, Noctániel corría a buen ritmo para haber sentido la mala vibra de la luz del día, apartando los brezos y ramas que le impedían el paso con sus sudorosas manos, pero el lobo Fenrir era aun más veloz y por un momento flanqueó al elfo desde la lejanía donde los robles discreteaban su enorme cuerpo afelpado. El umbral del bosque despedía rayos del sol hacia el rostro del elfo, y por fin sentiría que amaría el sol por primera vez, el círculo de luz se aproxima, pronto estaría a salvo y lejos de sus perseguidores, cien metros, setenta metros, cincuenta metros, treinta metros…

Fenrir lo noqueó con sus patas delanteras, cayendo éste de boca, y ese día las cenizas no cesaban.

Muy feroz, con su pata derecha presiona el cráneo contra el pastoso lodo y lo restriega furiosamente  como sacándole el jugo a una naranja.

-¿Te gusta comer mierda, elfo?-gruñía Fenrir en su transformación de lobo.

-¿Te gusta? ¿Te gusta? Puedo hacer esto todo el día, ¿De qué sirve seguir viviendo si todos te odian por manchar la reputación de la academia tras haber robado esa varita? Mithrod no te extrañará luego de que te impregne mis colmillos y te haga mierda-Escuchar su horrible y monstruosa voz era peor que oír a Justin Bieber cantar Chop suey.

“Este es mi final, sabía desde el inicio de las clases que todo esto pasaría, ahora solo quiero morir…” pensó el elfo mientras los manojos de tierra se le colaban por entre los dientes. Fenrir finalmente se aparta y permite al elfo incorporarse lenta y débilmente, Noctániel se tambaleaba y observa a Fenrir no como un oponente, sino como un ámbito de redención.

Fenrir le propina un zarpazo en el pecho, rasgando su sobretodo y provocándole una ardiente herida babeando sangre, sangre rojiza, vivaz, crepuscular y ardiente.

-Defiéndete, haz que valga la pena matarte-le gruñó el lobo, pero Noctániel se limitó a observarlo, afligido y desorientado, esperaba pacientemente a que Fenrir lo asesinara.

Mientras las cenizas no paraban de caer, el enorme lobo de grandes proporciones se abalanza hacia el elfo nocturno, y Noctániel cae de costado al suelo, empujado fuertemente, pero precisamente no fue el lobo quien lo hizo.

Estando en el suelo de costado, Noctániel vio al lobo también caer con la lengua afuera, aunque no pudo ver quién había provocado ello, pero escuchó una voz familiar que no sabía si sentirse a salvo o en más problemas al respecto.

-¿Estás bien, llorón?-preguntó la voz, que provenía de alguien del cual solo Noctániel alcanzó a ver sus botas, cuando se levantó, corroboró la presencia de su salvador.

-Siempre lo estoy…-respondió el elfo nocturno-Elekin.

No hubo tiempo para agradecimientos y sermones, Fenrir ya se estaba incorporando y el momento de combatir volvía nuevamente de mala gana, pues el lobo se tornó torvo y siniestro, más aun que antes. Mientras trataba de levantarse con dificultad con sus patas traseras

Las cenizas no paraban de caer sobre el campo de batalla

-Los mataré a ambos y me bañaré en toda su asquerosa sangre.

El lobo se lanza a la ofensiva, pero esta vez fue Elekin quien recibe toda su tempestad, para su suerte reacciona a tiempo y le oscila la misma arma con la que lo había noqueado la vez anterior, un mazo negro y alargado llamado Rompecráneos, el lobo salió disparado hacía la dirección opuesta, y cuando se levanta, las cosas fueron de mal en peor. Se alza sobre sus patas traseras y cierra sus puños con gran ímpetu, empieza a gruñir mientras un aura amarillenta como los rayos del sol lo envuelven en un vendaval de sorpresas siniestras.

-¿Se está transformando en súper saiyajín?-exclamó Elekin

Noctániel había perdido todas las ganas de morir, ahora ese extraño sentimiento de salvarse lo embargó.

Lo que antes era un lobo ahora era una bestia afelpada antropomorfa, de grandes músculo y pulgares para poder aventar puñetazos, con el mismo aspecto del Fenrir transformado en lobo. Elekin intentó nuevamente defenderse con el mazo, pero este se quiebra al contacto con la piel tosca del hombre lobo y golpea fuertemente al pobre muchacho, Elekin quedó tendido en el suelo, y Noctániel sintió que debía hacer algo antes de que lo matara, nuevamente ese extraño sentimiento de querer hacer algo por los demás, ¿por qué lo embriagaba con esas proporciones tan inusuales? Alguna fuerza misteriosa, como aquella vez que se culpó del robo de la varita, manaba por su subconsciente, generada por alguna fuente cercana, y la misma se aproximaba más y más hacia su ser, pero no era momento de lamentos y pensamientos inútiles, se estaba enfrentando a un hombre lobo con esteroides y debía poner cabeza fría ante el asunto.

Canalizó su antigua energía, sus ojos se tornaron de un impetuoso infernal, sus garran manaron, sedientas de sangre ajena, ahora interceptada al lobo Fenrir para cargarle toda su maldita furia, trepó por el lomo, o la espalda en este caso, del lobo antropomorfo y le clava furiosamente sus uñas ennegrecidas en el trapecio, Fenrir intenta liberarse de su opresor girando hacia múltiples lados como intentado atrapar su cola, pues sus brazos eran tan gruesos que no alcanzaba su retaguardia. El elfo seguía clavándole sus uñas, y él se revolcaba en el suelo como un cerdo bañándose en lodo para herir lo más posible al pobre Noctániel, luego se levanta y tras ejecutar una voltereta en el aire, su opresor sale disparado directo al suelo, junto a Elekin. Espera lo peor, pues sus fuerzas durante el día se agotan con facilidad.

-Cuando termine con ustedes, tendrán que despegarlos del piso con una chucharita-gruñó El lobo, su voz era más monstruosa que cuando era un lobo normal.

Noctániel, sentado al lado del pobre y tendido Elekin, cierra los ojos para prepararse ante su verdugo, lo primero y quizás lo último que se imaginaría sería estando al lado de Alicia, tomados de la mano, ella curándolo de sus heridas provocadas por Fenrir, y consolándolo ahora y siempre.

Se vio obligado a abrir los ojos cuando escucha repentinamente de su atacante los monstruosos quejidos de lobo,  y nota que se cubre ambos ojos con las patas, o en este caso, ambas manos, y maldice sin cesar. Las cenizas no paraban de caer.

En ese momento, desde el umbral del bosque se había avecinado Agatha, quien le había propinado un proyectil de fuego a Fenrir, pero no iba sola, Alicia la acompañaba.

-¿Te gustó eso, chihuahua?-dijo ella, en su típico tono burlón.

-¡Me había acabado de comprar estos lentes de contacto, ahora acabaré contigo, perra!-bramó el lobo, con los ojos lagrimados y rojizos. Justo cuando a toda velocidad iba a impactarse contra Agatha, Elekin se pone en medio y recibe un potente zarpazo que le marcó el rostro, nuevamente es noqueado. Noctániel se enfrenta cara a cara contra el gigantesco antropomorfo.

-Noctániel, te matará, por favor, vuelve-gritó Alicia.

“Sabe…Sabe mi nombre” pensó el elfo, y las cenizas no paraban de caer.

-Debo hacer esto, o todos estaremos perdidos.

A continuación, se avienta hacia el rostro del lobo y le propina un tajo con sus penetrantes uñas que lastimaron su lengua y su hocico. Fenrir, con fuerza bruta, intercepta al elfo nocturno con ambos puños hacia él, Noctániel responde aferrando ambos puños con los suyos, sujetando tembloroso y fuertemente reteniendo la tempestad de la bestia.

“No creo que pueda resistir más, pero no puedo dejar que los lastime a ellos”, decía para sus adentros.

Agatha hacía ratos que intentaba canalizar y emitir su poder alquímico, no tenía intensiones de dejar morir al elfo pues “es solo una carnada, pero yo seré quien destruya a ese Furry” pensó. A continuación y como acto final, una columna de fuego centrifugó todo el escenario, los robles se prendieron en un fuego descomunal, y si se me permite decirlo, no era nada parecido a un incendio forestal, sino algo peor; y junto con los árboles el lobo se prendió en llamas y empezó a corretear como loco intentando apagarse, pero los árboles que se habían estado debilitando desde la corteza por la intensidad de las llamas cayeron sobre él, derrotándolo finalmente, solo un musculoso antebrazo fue lo único que no quedó sepultado bajo troncos y hojas muertas. El combate había finalizado, y los copos de cenizas no paraban de llover.

Agatha le estaba dando patadas en el vientre a Elekin, para ver si lograba despertar

-Ouch-había despertado-¿por qué haces eso? Duele mucho

-¿Por qué me salvaste?-preguntó ella-Eres un marica al haberte sacrificado así, creo que lo menos que puedo hacer es curarte de esas heridas, pero si le llegas a decir a alguien que fui amable contigo, te usaré como leña para mi chimenea.

-Si… Gracias-Elekin estaba encantado por el momento, finalmente Agatha notaba su presencia, y no tuvo que robar una varita para ello. Ella lo carga y se lo lleva lejos hacia los dominios del castillo.

Noctániel no podía creerlo, pues estaba vivo y nunca, jamás, había experimentado el trabajo en equipo, y arrodillado ante el bosque siente a sus espaldas un par de sutiles palmas tocando ambos hombros ¿quién será?

-Eres muy valiente, Noctániel-dijo Alicia, colocándose de cuclillas para ver más de cerca el rostro magullado y embarrado del pobre elfo nocturno, aun en aflicción y desesperación, temía que Alicia le recordara el día del robo, pero no fue así, aunque no pudo verla directamente a los ojos.

-¿Por qué viniste, Alicia?-preguntó

-Todos estábamos preocupados, pues como todos saben, o algunos, hoy es el día EvE para las clases de alumnos especiales, y muchos creían que terminarías mal después de eso, así que le propuse a Agatha venir y saber si podíamos hacer algo por tí.

-Pero… Pero, te preocupas por mí, después de haber robado esa varita…

-Shhh-Alicia le colocó el dedo índice en los labios, y lo silenció, por último, le entrega un trozo de papel con algo escrito, un poema y una lista de quehaceres tachado.

-he guardado esto desde el día en que me lo encontré. Noctániel, yo sé que tú no robaste esa varita.

Y las cenizas no paraban de llover, cristalinas y celestiales, él jamás había sentido aquello que…

 

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