IV-La prueba final y el sacrificio de Agatha

Noctaniel, David Pelaez

Autor: Paolo Bonsignore

En dedicatoria a : Juliana Peraza

– Las cenizas llovían sin cesar, como esporas de algodón defecadas por nubes risueñas y cantarinas de juegos sobre relámpagos. Tiempo suficiente había ya transcurrido para asesinar el firmamento nublado, ahora granizado de copos grisáceos y con ella la amenaza alada que la acompañaba durante el ocaso.

Los Wyverns cruzaban y corrompían cruelmente el cielo raso del castillo, lo hacían eventualmente como aviones de caza durante una guerra civil, y muchos se orinaban encima cuando sobre los terrenos se imprimían enormes siluetas negras que eclipsaban el sol, otros cambiaban de color sus pantalones.

Ciento sesenta y tres estudiantes se retiraron de la facultad, creyendo que la razón de buscar pareja era para el baile de graduación, hasta que descubrieron la amenaza que les deparaba en un inminente cercano.

La academia había sufrido una fuerte demanda de parte de un estudiante que recientemente había padecido impotencia sexual, pues según él, la misma había sido provocada por el fenómeno de las yacientes cenizas, y que la culpa había sido del rector por no haber cancelado las clases a su debido tiempo. Alquimistas especializados que participaron en dicho caso, determinaron y desmintieron, tal y como había asegurado Mithrod una vez, que las cenizas no plasmaban ningún tipo de efectos negativos en el órgano sexual masculino. La academia se había salvado, y el pobre chico se fue molesto y con el rabo entre las piernas, y un pene vencido de por vida.

Después de lo sucedido con el elfo nocturno, Mithrod se vio en la obligación de despedir y sentenciar al profesor de clases para alumnos especiales y no tener que encarar una nueva demanda, pues las noticias sobre el berserker Fenrir arreciaba una nueva queja por parte de padres furiosos. Ezork, Habiendo sido el único profesor de alumnos especiales de toda la academia, le diagnosticaron complejo de superioridad e inmediatamente lo expulsaron de la región por “Loco”. Posteriormente, Mithrod le permitió a Noctániel seguir sus clases como cualquier otro estudiante, junto con Donquen, Arthur y los demás chicos con los que solía compartir, pues cuando supieron lo de su victoria contra Fenrir, que era uno de los matones de la academia más temidos, olvidaron el robo de la varita y lo vitorearon y elogiaron por tan asombrosa hazaña.

Agatha pasó de ser una puta histérica y desadaptada a una puta histérica desadaptada y justiciera, defendiendo los derechos de las chicas a donde quiera que su matiz infernal impregnara un olor tan esquicito que pudiera marchitar las flores en cuestión de segundos. Cosas como piropos con improperios o maltrato hacia la pareja en público eran severamente castigados por las horribles maquinaciones mentales que la bruja especulaba, haciendo así realidad sus fantasías violentas. No era la primera ni la última vez que su madre recibía correos de quejas por la conducta inusual de su hija, pero era lo máximo que podrían hacer para intentar apaciguar la tempestad de Agatha, pues contra ella ni el mismísimo Mithrod habría de tener chance de ganar cuando de combatir se tratase; sí, durante esos días que pasaron Alicia había hecho hasta lo imposible por tornarla más dócil y desarrollar en ella más su racionalidad…

… Pero Agatha nunca dejó, ni nunca dejará de ser Agatha, la tempestuosa bruja de Doomia.

Lo más curioso es que ella, con tan asombrosos dotes para la piromanía, una de las ramas de lo arcano, tendría con qué derrotar al Wyvern y graduarse como bruja excepcional, y quien fuera su pareja sería muy afortunado, o desgraciado,  pero  esa era la polémica que tanto Bum hacía en las bocas ajenas de quien se atreviera a tocar ese tema, mas no llevarlo a cabo, pues los chicos no tenían las bolas ni las chicas los ovarios para pedirle ser su pareja en la prueba final.

Posteriormente, Alicia fue la número uno en el cuidado de los dragones domesticados, durante los últimos días de clases se mostró decidida y dedicada para pasar las pruebas finales y domesticar sus primeras bestias, majestuosos grifos, Chantres recién nacidos, bestias con apariencia de lobo y robustas como un león;  y dragones de cascarón, pequeños dragones andantes protegidos aun por la cobertura del cascaron del cual emergieron. Mithrod se sentía tan orgulloso que le compró un relicario con las iniciales M y A.

-En señal de mi amor por ti, y el padre que siempre tendrás de mí, pequeña-dijo el mago, y Alicia pudo haber vomitado un arcoíris de tanta ternura por parte de su tío.

Así sucedieron las cosas para las dos chicas y el elfo nocturno, pero las cosas no serían de color rosa toda la vida, hasta que un día…

Durante todo el año escolar, Noctániel había sido el único chico que Agatha no había atemorizado o dirigido la palabra, y ésta nunca se había percatado de sus pasos hasta haber pasado aquel día en el bosque cuando el ataque de Fenrir. Un día, En la cafetería, el elfo se sienta solo como de costumbre para meditar acerca de lo estúpido que fue haber gastado sus ahorros en cartas de las últimas expansiones de magic.

Le picaban las canicas, se las rascaba discretamente.

Por un momento, solo por un maldito y desagradable momento, los ojos plomizos y deshabitados del elfo se cruzan con la mirada opresora de Agatha a la lejanía, más penetrantes que el orgasmo de dos cerdos llenos de estiércol. Noctániel la mira con un sin razón asombro, pero una mirada propia de los elfos buscando peligrosas aventuras, a diferencia de las miradas mórbidas y pavorosas de los demás, porque todos eran unos morbosos desequilibrados e idiotas. Agatha, con cierta sutileza y ademan, con sus mano derecha forma un círculo con su dedo índice unido con el extremo del pulgar.

Se quiebra el contacto visual. Noctániel no pudo asimilar aquella ofensa, y va y se dirige hacia la mesa de aquella chica que frecuenta desayunar Zucaritas (sin leche).

Pero esta vez Agatha bebía Starbucks mientras comía un sándwich de Subway, la silla del lado opuesto de la mesa se quejó a chillidos y en ella se sentó Noctániel, molesto y confundido.

-¿Qué ha sido eso?-pregunta él.

-¿Esta seña?-reiteró la misma seña con los dedos-significa que eres un maricón-responde ella tranquilamente, mientras le toma una foto al envase de Starbucks con su android y la sube a su perfil de facebook, Noctániel desincorpora su Iphone repentinamente y Twittea “@OjitosRojos

etrasadoslese esta bruja #OdioEstaPutaAcademiar dr hitar las flores en cuestion demanda por parte de padres furiosos Una estúpida bruja me acaba de insultar, pero ya sabrá quién soy cuando me molesto           #OdioEstaPutaAcademia   #CafeteríaDeRetrasados

-Yo no soy maricón, no tengo razones para serlo.

-Razones, las hay-y cruzando las piernas y haciendo notar el fugaz brillo de los pernos metalizados de sus botas, se dirige de manera asertiva hacia Noctániel, propia de su imponente personalidad-Tienes todas las posibilidades para hacerte novio de Alicia y no has hecho nada al respecto. La chica se fascinó con aquel poema mal escrito tuyo ¿Y tiras la toalla?

Noctániel apretó ambos puños de tanta impotencia, sus albinos cabellos se precipitaron como medusa perdiendo su virginidad.

-No entiendes, ¿verdad, bruja?

-Tienes agallas, elfo, para llamarme por lo que en realidad soy.

-No tengo ni la más puta idea de cómo podría conquistarla, de chicas humanas no sé absolutamente nada, pues ella es la primera, y encarando tantas elfinas en toda mi vida hace que ellas frente a Alicia sean insignificantes, como si nunca habría de aprender algo útil de aquellas relaciones, ahora siento que en verdad estoy en mi prueba final, pero no sé cómo afrontarla.

-Te oyes como Edward Cullen, muchacho, solo que uno vegetariano.

-Miserable… Es evidente que no sabes nada de mí, ni de cómo me siento al respecto, y de lo difícil que ha sido mi estadía en esta academia por el simple hecho de ser el único elfo nocturno de toda Gladia. No tengo que explicarte nada, bruja, búrlate de mí todo lo que quieras, pero yo me retiro.

Se impulsó fuera de la silla con gran ímpetu y avanzó hacia su almuerzo aun no terminado, a mitad de camino, oye decir de Agatha lo siguiente.

-Yo podría ayudarte a conquistarla, si me prometes que no te pondrás más emo.

Era un lindo día, y los pétalos grises que surcaban el espacio sideral habían cesado, y el cielo menstruaba una majestuosa lluvia cristalina que consoló ligeramente los rincones sucios del castillo, que habían estado cubiertos de abundante cenizas.

Una carrosa, que había irrumpido escandalosamente dentro de los lares del castillo, penetró en el jardín trasero quebrando jarrones carísimos y pedestales con estatuillas prístinas.

Un costado de la carrosa golpea el pedestal donde yacía la estatua gris de Gandalf, provocando que la misma se balancee cada vez más hasta que finalmente se avienta hacia una precipitada caída, quebrándose en mil pedazos y provocando un estruendoso sonido que llamó la atención de algunos de los que por allí estaban en ese momento (profesores y estudiantes), y mientras que la carrosa se abría paso hacia los portales, la estatua recobraba pieza por pieza y se regeneraba repentinamente, volviendo a ser la original estatua de Gandalf pero esta vez blanca.

La carrosa revienta en pedazos y astillas el portón principal de la academia, sigue su agitado trayecto subiendo las escaleras y batuqueándose como un martillo eléctrico, y en el transcurso se lleva por el medio varios jarrones llenos de rupias que fueron recogidas por un vagabundo drogado y desorientado portando una espada, un hada molesta y un atuendo a lo Peter Pan. Las ruedas de alta potencia de la carrosa espachurraron a un joven mago, famoso por tener una cicatriz en la nalga derecha, pues de pequeño intentaron provocarle mucho dolor con un hechizo quita-virginidades. La carrosa era imparable, tanto, que ni un caparazón con púas de las que salen en Mario Kart hubiese podido frenarla, y era evidente, una gran fuerza se transitaba dentro de esa carrosa sin caballos, y se detiene cuando le plazca, porque puede.

El enorme despacho aterciopelado de Mithrod se ve irrumpido violentamente por aquella carrosa que frenó justo en el alfombrado, luego de haber destruido la puerta y haber hecho a su paso numerosas aberturas en la pared, por las cuales se asomaron las mozas.

-¿Quién es?-pregunta la profesora del cuidado de dragones domesticados a Mithrod.

-No lo sé, pero pronto lo sabremos.

Y pronto era en ese momento, pues la puertecilla del piloto se abrió en un extraño chirrido quejumbroso, de ella sale una pierna escondida bajo una alargada túnica negra.

-¿Una pierna?-dijo la profesora.

Seguido, le sigue una segunda pierna

-¿Quién será?-vuelve a preguntar.

Y por último, con ella le sigue la otra pierna.

-¿Tres piernas? ¿Qué significa esto?

A lo que Mithrod responde.

-No son tres piernas, solo es Rasputín, el gran místico de los bosques andantes.

De los bosques andantes era aquél hombre, de barba lisa y prolongada, cabellos castaños muertos y caídos y… Sin duda era Rasputín.

Aquel inesperado huésped ni se preocupó y ni le dio prioridad a sus modales o principios, pues “de nada valen ya los principios si la formación flota en el espacio, y no necesite una base para sostenerla” decía con frecuencia. Sin decir hola o presentarse ante aquellos, dice sin más.

-Reúnan a todos los estudiantes en el patio de armas, tengo algo importante que anunciar.

Se disipa y desaparece en una cortina de humo, pero se vio claramente que corrió escaleras abajo mientras el rector y la profesora tosían y espantaban el humo con sus manos.

Era medio día, el sol azotaba sus golpes ultravioletas sobre las cabezas del alumnado. Aquellos que una vez arribaron desde el septentrión y de la península, que se componían por miles de jóvenes guerreros y brujos aspirantes a ser algo más que solo frikis-geeks, ahora solo se vislumbraban poco menos de quinientos,  los que habían resistido hasta casi la recta final. Pero lo que siempre permaneció entre aquel ente juvenil, era la apatía y el poco interés para atender los asuntos escolares y los mensajes preliminares. Y no miento: Donquen se rasgaba la nariz para hurgar moco como de costumbre, a su lado estaba Arthur jugando rol con Noctániel y los demás chicos que frecuentaba tratar, un grupo de chicas y chicos jugaban a la botellita y otro grupo enorme se lanzaban mutuamente pop corn en la cabeza.

Llega el momento de una intervención, Rasputín se hace imponer.

-Enfrentarán un Wyvern-dijo para el público.

Todos exclamaron y se miraban de aquí a allá y cuchicheaban su propia perdición y descontento con aquello dicho.

-Difícil, por supuesto-volvió a decir-imposible, jamás. Hay mil y un maneras para derrotar a una de esas inmundicias voladoras, pero visto y considerando que ustedes son jóvenes inexpertos, escuálidos, debiluchos, muérganos, soquetes, tarados, inútiles, anoréxicos, inferiores, maricas miedosos…-Respiró hondo, y hondo, y más hondo, y exhaló lo siguiente-y poco sagaces en el arte del combatir contra no-humanos, creo que están perdidos.

Una chica de lentes se tapó el rostro y comenzó a sollozar, otros, aparte de lloriquear y alterarse, entremezclaban sus voces preocupadas y diversas, pero todos con un mismo significado: Terror y pánico.

-Sin embargo-Prosiguió Rasputín con el dedo índice en alto-considerando que esta ha sido la prueba más compleja impuesta en todo lo que ha durado esta academia funcionando, les daré una oportunidad para que hagan parejas con brujos y guerreros experimentados en este tipo de tareas.

Ahora el terror se había disipado, y exclamaron de alegría, el ambiente grisáceo se había ido de  los corazones de todos los estudiantes.

Y alegría desbordándose por la comisura de aquellas sonrisas como un drogadicto echando espuma por la boca, los guerreros y brujos anteriormente mencionados eran las élites de Gladia, que se ganaban la vida explorando las planicies de Infernolia y enfrentando cualquier tipo de criatura que se les cruzase durante la jornada. Antiguos estudiantes de la academia, ahora debían retornar para ser seleccionados por cada estudiante. Entre ellos elegían a los más corpulentos, formidables, intrépidos, de grandes artes mágicas, y con un gran paquete en la entrepierna.

Tres días seguidos se pudo ver a todo el alumnado seleccionar a su nueva pareja que les garantizaría vencer al Wyvern y graduarse finalmente. Jóvenes alquimistas, arcanos, de la facultad de la oscilación, de la facultad del sigilo, de la agilidad, de la arquería y de las armas arrojadizas, eran reclutados cada minuto y cada segundo, para el cuarto día, el 90% de los estudiantes ya poseía un compañero de batalla, chicos con chicas y chicas con chicos.

Mithrod se sentía más que feliz por aquella noticia del excéntrico místico, estaba exaltado de felicidad, pues la seguridad de su sobrina le era más valiosa que cualquier otra cosa, y como ella, muchos se sentirían fuertes para el gran final.

-Mi queridísima Alicia,  el día de tu triunfo llegará pronto, y finalmente te podrás convertir en una auténtica domadora de dragones domesticados, tal y como lo hubiese querido tu madre- decía, mientras pegaba saltitos como una niña corriendo en una pradera de flores.

-Sí, tío-dijo ella, sumida en sus pensamientos, mientras observaba el paisaje crepuscular a través de los cristales del ventanal.

-Ya hice todos los preparativos, mandé a que reservaran al mejor guerrero mata bestias de toda Gladia, para que nadie más pueda tener de previsto sus servicios, más que tú.

-Eso suena genial, tío.

-Es más, tú ni tendrás que pelear ni mover ni un solo eslabón de tus preciosas y delicadas manos, pues él lo hará todo por ti. Cuando te superes y termine todo este tormento, mandaré a que conviertan en trofeo la cabeza de ese Wyvern para colgarla en casa, y presumirlo a todos tus familiares y amigos.

-…-Ella solo suspiró, pues algo le inquietaba, algo que ni ella misma sabía qué era.

Alicia y cenó en el despacho con su tío, y en todo lo que duró en su compañía no había expresado ningún sentimiento, ninguna inquietud, pues inquietud alguna tenía, y las palabras en tanto desdén sobraban.

Pero pasado dos horas, luego de que Alicia abandona el despacho junto con su tío para observar las estrellas en el torreón del castillo, entra Agatha a hurtadillas tras forzar el cerrojo con una uña larga de su meñique que usaba eventualmente como llave maestra para cerraduras no tan complejas. Sus pisadas de gato evitaron cualquier tipo de estruendo minúsculo en las habitaciones contiguas, pisadas que la condujeron directamente a un pedestal donde yacía un objeto brillante y esplendoroso protegido por un cristal, ella procede a desprender dicho cristal con ambas manos como si intentara robarle la rosa mágica que mantiene viva a la bestia. Luego de aquella inesperada visita, la varita de magia contraída, la misma que había robado Elekin en el mercado de Gladia, había desaparecido.

Ahora solo faltaba un día para la prueba final, casi todos ya tenían en su costado una pareja altamente dotada para derrotar al Wyvern, exceptuando uno en todo el ente estudiantil. Noctániel, una tarde después de almorzar, caminaba solitario por las andadas del castillo, sin esperanzas, afligido por algo que ni él sabía por qué, todo le parecía tan ínfimo y sosegado por un clima tan antinatural, que las cenizas en su cabello le eran ya indiferente, a donde volvía su mirada, cosa que le causaba más desgane. Poco después se cruza en su camino Elekin, y el elfo se ve obligado a frenar su paseo.

-¿Ya tienes pareja para mañana?-preguntó Elekin luego de frenarlo con un pequeño empujón inofensivo, nada parecido a las veces anteriores que lo hacía para hacerlo caer.

-Pues… No, quería que Alicia fuera mi pareja, pero no creo que sobreviva estando conmigo, además, me contaron que su tío ya le consiguió un guerrero formidable y altamente dotado para la tarea. ¿Y tú? ¿Ya tienes pareja?

-Pues sí, es Agatha, aunque creo que solo está conmigo porque no consiguió a nadie mejor, pues todas las élites de la academia real están apartados.

-Ni lo dudes, amigo-dijo Noctániel, tras una pequeña risa.

-Ella me dijo que tenía un plan maestro para derrotar al Wyvern, y que se iría a hacer algo en el despacho de Mithrod, pero no me dijo qué iba a hacer.

-Nada bueno, créeme.

Y tras unos segundos de silencio.

-Pase lo que pase mañana, Noctániel, fue bueno haberte conocido, y espero que no me odies por lo de la varita, ah, y también por molestarte siempre que tenía la oportunidad de hacerlo.

-Descuida (“¿Cómo no voy a odiarte, maldito degenerado? Espero que te suceda algo malo pronto y pagues por tu incompetencia humana”) te deseo suerte mañana, amigo-Ambos siguieron sus respectivos caminos, esa noche, Noctániel no cenó por una terrible yaga en el estómago, generado por el terror de la prueba final.

Y las cenizas no paraban de llover y anunciar la llegada de los Wyverns.

Un nuevo día había amanecido en el cielo y en los corazones de los contendientes de la amenaza alada, todos se hallaban sentados y cubriendo los puestos de un enorme coliseo cerca de los dominios del castillo, y dentro de las rejillas oscuras únicamente alumbradas por ojos penumbrosos, resguardaban a un Wyvern ansioso por salir y demostrar su poder y magnificencia.

En la parte alta, donde se hallaban los profesores e íconos importantes como Rasputín, Mithrod se levanta de su asiento y anuncia unas humildes palabras a los participantes del coliseo:

-Destrocen, despellejen, hagan trisas a ese Wyvern, no tengan piedad con esas horridas criaturas del infierno, ¡A ganar, Carajo!

Y todos vitorearos y exclamaron de alegría ante el carisma de su rector. Antes de que Mithrod pudiera continuar su discurso motivacional, un mensajero transpirando y jadeante por la carrera llega y le pide que abandone su puesto por unos minutos para entregarle un importantísimo mensaje, Mithrod procede a seguir al mensajero a las recámaras donde se preparaban los guerreros y brujos con sus parejas para salir al combate.

-Traigo muy malas noticias, señor-dijo el mensajero-El guerrero que usted mandó a traer para que relevara a su sobrina, misteriosamente fue agredido salvajemente por un desconocido con artes mágicas, y ahora está en cama guardando reposo.

Una mosca entró por la boca abierta de Mithrod y salió por el orificio de su sombrero. Noctániel, que había estado escuchando en ese momento, miró a Agatha por unos segundos a la lejanía, y ésta le guiña un ojo con una sonrisa de triunfo, Noctániel le devuelve la misma manifestación facial.

-No puede… No puede ser-dijo Mithrod-¿Escuchaste eso, Alicia?

Pero Alicia no dijo nada, estaba igual de aterrada que su tío, todo estaría perdido para ella si no conseguían a alguien igual de fuerte que aquel que estaba predestinado para su sobrina.

-Alicia, quédate aquí-dijo Mithrod-iré a hablar con mis contactos de Doomia para que resuelvan este problema, en una hora regresaré con alguien igual o mejor para relevarte en combate.

En un milisegundo, salió a toda pastilla fuera del coliseo a través de una nube de humo blanca.

Alicia, afligida y confundida con todo el asunto, vuelve su mirada a todos lados, viendo como los demás chalaban e ideaban una estrategia con sus respectivas parejas, y se arrepiente de lo mal agradecida que fue con el apoyo de su tío. Por un momento, su mirada se cruza con la del elfo nocturno, y ambos se estremecen por el fulgor de las pupilas del otro.

Las cenizas no paraban de caer, y Noctániel se acerca para intentar consolarla.

-Escuché lo que ocurrió-dijo él.

-¿Ahora qué voy a hacer? No puedo hacer esto sola.

-No estarás sola, créeme

-¿Por qué lo dices? ¿Por qué no he de estar sola luego de lo ocurrido?

-Alicia…Alicia-se entrecortó el elfo por lo aturdido que se sentía por su sin igual belleza, y lo enamorado que se hallaba-Alicia…

-¿Qué, Noctániel?

-Yo te ayudaré a vencer al Wyvern.

-¿En verdad crees que podamos hacer eso, a pesar de que no somos expertos como los demás que poseen un compañero experimentado?

-Quizás no sea el más fuerte, o el más astuto o…

-O EL MAS INTELIGENTE-gritó Donquen desde atrás.

-O EL MAS GUAPO-le siguió Arthur.

-Cierren la boca-dijo, y ella emitió una leve risita que purificó ligeramente el alquitrán del alma del elfo nocturno.

-Lo que quiero decir es, que no te garantizaré una victoria, pero si alguien tiene que morir, ese seré yo, mientras que esté a salvo.

-Noctániel, eres tan dulce conmigo, y no sabes lo mucho que me alegra que estés para ayudarme, pues la ayuda de más nadie quiero, sino la tuya-respondió ella, con una fragante sonrisa.

Desde la compuerta del estrado llega una pareja explosiva para saludar a sus compañeros de clase, nada más y nada menos que Elekin y Agatha.

-Noctániel, se me olvidó darte esto-dijo Agatha, y le entrega un trapo con un contenido amarrado dentro.

-¿Qué es esto?

– Úsalo cuando llegue el momento-Cariñosamente la bruja los mira a ambos, nada propio en ella que se hubiera visto jamás, y luego se vuelve hacia Alicia.

-En cuanto a ti, Alicia, te debo mucho, por haberme cambiado, y por haber tocado mi cora… Mi coraz… AAAAAAAHHHHHHH MALDITA SEA!!!!!

Se interrumpió su discurso cursi por un momento, pues su lengua despedía un humo verde con hedor a azufre, fue algo muy espantoso y repulsivo.

-Basta de mariconadas. Elekin, muévete, tenemos que prepararnos para ese Wyvern-lo toma por la oreja y lo lleva arrastrando dolorosamente mientras Elekin emite gritos de profundo dolor.

-Te quiero tanto… Ouch, Ouch-decía, mientras se alejaban.

Y el elfo nocturno, tomando de la mano a su nueva compañera:

-¿Entonces, manos a la obra?

-Estoy lista.

En el coliseo, todos clamaban y aplaudían a la primera pareja, un robusto mastodonte de armadura de pieles y pintura de camuflaje negra con una gigantesca hacha, junto con una chica que no parada de admirar sus bíceps. A continuación, la rejilla donde resguardaban al Wyvern se abre con un horripilante chirrido de suspenso.  Sueltan a la criatura, la primera impresión fue un objeto con alas saliendo disparado hacia las nubes, cayendo en picada hacia la línea de tierra para embestir a ambos contendientes y mandarlos violentamente contra el muro del coliseo, se rindieron antes de que pudiera pasar algo peor, pues la humillación fue tan inesperada e imprevista.  Y todos exclamaron en asombro, pues la garantía que ofrecía Rasputín sobre reclutar a entes profesionales no estaba resultando. Y así como la primera pareja, la segunda había sufrido del mismo mal, cayendo ante las alas del Wyvern y derrotados por su majestad. La tercera pareja recibe una gran paliza, y se alejan del escenario, estupefactos por el dolor y las proporciones de la bestia para resistir y vencerlos con facilidad.

Una hechicera se vio derrotada cuando se dio cuenta de que sus ofensivas no dañaban en lo más mínimo al dragón, y ambos sucumben ante la tempestad alada. Un chico quiebra su mandoble contra la piel del Wyvern, enseguida se vieron descalificados, pues ambos perdieron sus armas con las que combatir, y si lograban soportar la alta gama de ofensivas del dragón con una combinación de coletazos y colmillos, resistir su aliento venenoso era imposible para cualquier ser humano, y se retiraban con el rabo entre las piernas antes de verse respirados por la muerte. Treinta y tres parejas, con compañeros altamente proporcionados para ese tipo de tareas, habían sido descalificadas y borradas por el orgullo del Wyvern, todos estaban aterrados, pues hasta ese momento nadie podía derrotar a la amenaza alada.

-Señor-empezó a decir el profesor de armas de dos manos desde su asiento en el estrado-esto está demasiado difícil, será mejor que cancelemos esto antes de que más estudiantes salgan lastimados. Nadie, ni siquiera los élites, pueden pasar esta prueba.

-¡Tonterías!-exclamó Rasputín, sin apartar la mirada de un dúo que estaba siendo masacrado y perseguido por el dragón alrededor de todo el escenario-La clave para derrotar al Wyvern será descubierta, lo sé. Paciencia, mis camaradas, que pronto llegarán los vencedores de esta contienda.

Pero el festín de derrota no cesaba, ahora era el turno de Agatha y Elekin.

-Juraría que los pantalones de Elekin no eran marrones cuando lo vimos llegar-dijo uno de los compañeros de Elekin, cuando lo vio desde su puesto entrar al escenario junto con Agatha.

-¿Estás listo, Elekin?

Elekin tragó saliva, y sonó igual que un tubo de escape obstruido.

-Quédate aquí cariño, yo me encargo de esto.

-¿De qué hablas?

-Solo quédate aquí si quieres que todo salga bien.

Sin más que hablarle a su pareja, Agatha se adelanta sin escrúpulos hasta quedar frente a frente a la bestia, quedando bajo su prolongado cuello, el Wyvern la ve directamente con ojos de infierno sobre el firmamento, y a continuación, ocurrió algo que dejo sin aliento a todos los presentes.

Agatha procede a extender sus brazos como intentando abrazar al dragón.

El Wyvern baja su cuello para meterse a la boca la mitad del cuerpo de Agatha y alzarla de cabeza, luego la traga completamente y la engulle como una serpiente tragándose a una rata. Segundos después el Wyvern eructa un extraño humo rojo, y todos exclamaron por tan confusa acción de parte de Agatha.

Muchos se quedaron impactados por la facilidad con la que la bruja, la misma bruja tempestuosa y maligna que todos conocían y temían, se dejó matar por el Wyvern, y a pesar de ese temor y aprensión, hubo respeto hacia su ausencia, y unos minutos de silencio hizo ruido en todo el lugar, pues fue muy triste, pero a la vez emocionante y confuso.

-Agatha… Ha muerto-murmuraban en voz alta

-Agatha fue comida entera-

-No puede ser-

-Oh dios mío, se la comió.

Elekin se quedó arrodillado ante la bestia, estupefacto y en trance, a punto de romper en lágrimas. Dos guardias tuvieron que sacarlo por ambos brazos, pues estaba descalificado y no podía enfrentar a la bestia él solo.

-Agatha…-dijo Alicia-a pesar de su locura, ella era mi amiga, mi verdadera y única amiga…

Justo cuando Noctániel la iba a consolar, el alto parlante interrumpió las palabras de la pobre y triste Alicia.

-ALICIA Y NOCTANIEL.

-Es hora-dijo el elfo.

Las cenizas no paraban de llover, y esta vez lo hacían con triste y rencorosa precipitación, pues con ellas se había ido el espíritu de la bruja.

Ambos se encaminaron frente a la bestia alada, preparándose mentalmente ante cualquier ataque inesperado. Era algo inusual, dos estudiantes inexpertos formando parejas, cuando todos habían optado por un compañero avanzado en técnica y artes marciales.

-Pase lo que pase, Alicia, no dejaré que te dañen-Tomó su mano mientras le expresó aquel ofrecimiento tan caballero.

-Haré lo que pueda, ganemos o perdamos, fue un gusto haber estado contigo en esto…

El Wyvern desplegó sus alas, la prueba final había empezado.

                                 

  Wyvern, el engendro de los pantanos venenosos:                                                                                                            

     Alicia permaneció al resguarde de Noctániel, y el Wyvern se preocupaba más por sus propios negocios: Vencer y humillar a ambos contendientes y limpiarse los dientes con sus huesos.

El dragón se lanza a la embestida, el viento cortante abanicó y despeinó al público adyacente. Noctániel es astuto y sagaz, propio de los elfos nocturnos cuando de igualar el ingenio de su oponente se tratase, aunque no hubiese noche ni luna que lo custodiase; a continuación, salta sobre el cuello de la bestia al momento de esta arribar a ambas presencias, y Noctániel procede a clavarle sus filosas uñas ennegrecidas, producto de su brumoso instinto de asesino propio de su raza albina, pero se da cuenta de que la piel tosca es inmune a cualquier objeto sólido existente y que estuviese fabricado para herir y rebanar. Con mucha astucia, el dragón se impulsa hacia arriba y surca el viento directo hacia las nubes, intentando deshacerse del elfo nocturno. Noctániel lo golpea con gran ímpetu y repetidas veces, incluso cuando sus nudillos empezaron a sangrar por lo sólido que era la escamosa piel, pues, el frenesí que se apoderó de él cuando peleo contra Fenrir lo envolvía en ese momento, ahora no era tan personal, graduarse y demostrarle a todos que podía hacerlo ya no estaba en sus propósitos, pues, había una única cosa que lo impulsaba a hacer lo que estaba haciendo contra la bestia alada: proteger a Alicia a toda costa.

El Wyvern ya se nota aturdido y fastidiado por su agresor, y se lanza en picada para desprender a Noctániel de su cuello, quien no cesaba sus puños a pesar de que la bestia se agitaba en el firmamento, y tratar de tumbarlo era algo que sus compañeros debieran ver desde lejos.

Al llegar al suelo raso, Noctániel cae del cuello de la bestia y se precipita con estrépito sobre el suelo, barriéndolo como un avión sin ruedas y quedando boca abajo

No hubo muchas raspaduras, pues la protección que le brindaba su sobretodo era más que suficiente.

Alicia intentó acercarse, y con unas palabras que murmuró para sus adentros, logró sanar a su compañero con un conjuro de curación que aprendió en sus clases particulares con un alquimista.

No hubo tiempos para agradecimientos, era el momento de seguir peleando, de seguir con la aventura, la última aventura.

Noctániel se levanta con ambos puños, encara de manera intrépida al Wyvern, y este le devuelve la misma mirada con el mismo fulgor de respeto que le tuvo desde su demostración de honorable oponente.

Ahora las cosas toman un rumbo distinto, pues la bestia despide un veneno de sus fauces, un torrente de humo púrpura inundó el escenario, interceptando al pobre elfo quien se vio obligado a correr y mantenerse a salvo de la precipitación que lo intentaba destruir desde el inicio. Correr, y correr, y seguir corriendo, el Wyvern le ganaba terreno, pero el elfo nocturno era mucho más ágil e inteligente, siempre un paso por delante de los pensamientos del dragón, mientras que éste lo superaba en fuerza y masa.

Alicia se vio al descubierto por un instante, acorralada por el humo del veneno, y el Wyvern no pudo desaprovechar el momento, pues se hizo evidente a los pocos segundos que éste ser de piel albina y cabellos plateados intentaba protegerla a toda costa. Tan cerca estuvo el dragón de cumplir su cometido, hasta que Noctániel la sujeta por la cola antes de que pudiera cerrar su mandíbula en torno a la silueta delicada de la indefensa Alicia.

El elfo corre a lo largo de su cola y atraviesa su lomo, hasta llegar a su cabeza, a continuación, el acto más heroico e inteligente que ocurrió ese día y en todos los días posteriores en el que hubiesen enfrentado alguna vez un Wyvern. Le clava sus uñas sedientas de venganza, justo dentro de las cuecas de sus ojos, la bestia empieza a quejumbrarse y a exaltarse, brincando y berrinchando. Empieza a sobrevolar el escenario hasta salirse y colisionar contra los robles que por allí se hallaban, intentando nuevamente deshacerse del pobre y colgante elfo. La batalla se remonta nuevamente  dentro del escenario del coliseo, pero desgraciadamente no fue una batalla que durase un poco más, pues Noctániel finalmente cede a los efectos negativos del veneno del Wyvern y cae como una mosca hacia donde estaba Alicia.

Su compañera le propina leves palmadas, pero el elfo no responde.

El Wyvern, ciego de la ira (y evidentemente por las uñas del elfo) propina coletazos y cabezazos, intentando ofender al azar los distintos lugares por donde podrían haber estado ambos contendientes.

Alicia intenta despertar al elfo, sigue sin responder.

Ahora era el momento de gastar todas las energías restantes para reanimar al pobre y abatido Noctániel.

Cuando el dragón avienta de manera improvisada su cola hacia donde estaban ellos en ese momento, Noctániel reacciona rápidamente, aparta a Alicia del peligro y recibe toda la intensidad del impacto, precipitado contra el muro de piedra.

Noctániel fue abatido, y no se levantó más, ahora Alicia estaba sola…

-¡Detente!-le gritó ella cuando el Wyvern intentaba reclamar el cuerpo del elfo como su premio.

El Wyvern la acorraló, estaba entre la espada y la pared, ya no habría salida ni salvación para ella. Y por último, procede a acercar su mandíbula para intentar comérsela, tal y como lo hizo con Agatha.

-¡Detente!-volvió a decir.

El dragón acercó su enorme hocico cerca de su cuerpo, ella colocó sus manos de manera defensiva, de modo que sus delicadas palmas le causaron un cosquilleo en sus fauces.

-DETENTE-gritó esta vez.

Ahora el dragón se había quedado paralizado ante la silueta. Ciego y confundido, ni él entendía por qué.

-SENTADO-volvió a gritar. El Wyvern se sentó, y todos no pudieron evitar exclamar lo que parecía imposible de ser.

-ECHATE.

El dragón se echó, y se enrolló igual que un perro en su lecho para dormir.

Mithrod, quien había estado lloriqueando desde el momento en que había llegado, dijo a Rasputín.

-Imposible, ese dragón no está domesticado para que pueda domarlo…

-Porque ella es una domadora de dragones, tal y como lo hubiese querido Iris, su madre, antes de morir-Y luego, empezó a declamar, de modo que todos, incluso los combatientes, pudieran escuchar a Rasputín- creo que Noctániel fue el único entre cientos de alumnos que captó mi mensaje sobre buscar un compañero adecuado para pasar esta prueba. Pues no es la fuerza bruta, ni la belleza, ni lo material, ni el dinero que puede pagar un buen mata-dragones o armas certeras y pesadas; sino la sutileza, la ternura y la humildad femenina, que fue lo que derrotó al dragón. De eso se trata esto, y de eso se trata tener un compañero: Confiar en él no por sus músculos o el tamaño de su arma, sino por su destreza, y por lo que sería capaz de hacer por uno incluso si eso incluye perder la vida. Y que sirva de ejemplo estos dos jóvenes, ella, con sus dotes de dulzura, le sirve de apoyo emocional y mágico al elfo, quien da la cara y pelea mientras se siente motivado por el amor que le es brindado por su compañera, y no hay nada más hermoso que eso, pues, es algo que no solo se ve cuando enfrentamos a un dragón, sino que incluye todos los problemas de gran magnitud que enfrentarán a lo largo de sus vidas. Espero que todos hayan aprendido una valiosa lección, la respuesta para pasar esta prueba era sencilla: Tener por compañero a alguien muy querido, no alguien por sus músculos.

Noctániel, que estaba aturdido en el suelo, escuchó aquellas palabras y se sintió ganador por un momento, motivado, y decidido a levantarse y seguir con su trabajo, jovial, preparado, intrépido, había llegado la hora de luchar enserio. Alicia estuvo cerca de él hasta que se levantó por su cuenta. Y él le dijo a ella, con un distinto brillo en los ojos:

-Te sostendré la mano si me apoyas.

-Noctániel…-Se ruborizó.

-TE SOSTENDRÉ LA MANO SI ME APOYAS. Es hora de terminar esto.

El dragón, aunque delirante, seguía buscándolos bajo una pesada ceguera permanente.

Noctániel saca el paquete que le dio Agatha en las recámaras, pues vibraba y resplandecía como una luciérnaga atrapada dentro de un pedazo de pergamino

“Úsalo cuando llegue el momento”, transitó la orgásmica voz de la bruja por su torrente mental.

Cuando le quita el envoltorio, descubre que era la varita que había tomado sin permiso del despacho de Mithrod. Cuando el dragón se precipita hacia ellos una vez más para colisionar con su golpe final, posiciona la varita hacia el vientre de la bestia y a continuación, un espectáculo de luces y una serie de sucesos inesperados.

Un fulgor en forma de rayo se disparó violentamente del extremo de la varita, perforando al dragón justo en el corazón y atravesándolo como un lápiz a un papel. Pero el dragón no solo cayó en el suelo abatido, sino que empezó a descomponerse y a disiparse en nubes de humo rojizo, y la repulsión no terminó allí para su abatido cuerpo, pues su mandíbula se abre completamente y por la boca sale imponente, victoriosa, decidida y heroica la bruja Agatha, quien hizo que se pudriera desde adentro.

El  Wyvern cayó derrotado y muerto, y Agatha se aleja lentamente del cuerpo sin vida que poco después explotó mientras se colocaba lentes de sol. Y junto con su derrota se fueron las cenizas para así dar paso al hermoso crepúsculo que bañó con su celestial luz al humilde público que vitoreó y jadeó de la emoción, todos salieron de sus asientos al encuentro de la hermosa pareja, para abrazarlos y felicitarlos por tan asombroso acto (Agatha los amenazó si se atrevían a tocarla). Alicia y Noctániel habían ganado la contienda, no solo eso, sino el respeto y la admiración de todos los estudiantes y alumnos, y el excéntrico y ortodoxo Rasputín, que tras una mirada de orgullo desaparece en una nube de humo “bien hecho, chicos”.

Técnicamente, Agatha y Elekin también habían aprobado, puesto a que Agatha no había muerto después de todo, sino que destruía al dragón desde adentro, por lo tanto también recibieron sus diplomas.

Aquella noche, todos celebraban el triunfo de los cuatro jóvenes que pudieron contra la bestia, en posterior a los demás que, a pesar de haber reprobado, pudieron presentar un examen de remediación un mes después sobre teoría, preguntando cosas como ¿qué es un Wyvern? ¿Cómo lo enfrentaría? ¿Cuál es la capital de Infernolia? Etc. Agatha cenaba esa noche en el comedor junto con su nuevo novio, mientras observaba a los demás con ojos despectivos y Elekin, pues, embobado como de costumbre por ella y su maleficencia, relativamente, fueron felices mientras estuvieron juntos por un largo tiempo.

Pero Alicia y Noctániel tuvieron otros planes para esa noche. No, no es lo que están pensando.

Estuvieron en el acantilado sentados en un tronco, contemplando juntos el esplendor de la plomiza luna, preguntándose por qué jamás de los jamases se habían encontrado sus caminos.

-Fue muy lindo de tu parte haberme ayudado en el último momento-dijo ella.

-No es nada, comparado con lo que en realidad podría hacer por ti.

Y ambos se toman de la mano.

-¿Te sostendré la mano si me apoyas?-preguntó ella

-Sí, es una frase que aprendí de Rasputín antes de entrar nuevo a esta academia, y por alguna razón que aun la considero extraña y misteriosa, la aprendí justo antes de saber que existías.

-Entonces, te apoyaré…

-Y yo te sostendré…

Sus rostros se encontraron, sus labios se custodiaron, sus ojos no miraron y más tarde, sus lenguas mutuamente entre roses se disiparon.

Esa noche, la luna fue testigo de que Noctániel había cambiado de color albino a color carne, de ojos amarillentos y horripilantes a ojos castaños, de cabellos plateados a cabello oscuro y sedoso, por esa noche se vio guapo para ella, pero nunca, repito, nunca dejará de ser Noctániel, el elfo nocturno, así como Alicia nunca dejará de ser Alicia, la domadora de dragones, elfos y brujas maléficas. Y sobre todas las cosas, Agatha nunca dejó de ser Agatha, la tempestuosa bruja de Doomia.

La leyenda del cuento de la fábula que narra sobre una bruja que llegó en una carrosa de burros risueños, conoció a un elfo y una chica que terminaron juntos como una feliz una feliz pareja. Su nombre es Noctániel, el elfo nocturno, y esta es su historia…

FIN…

Anteriormente: Cap. 1 , Cap. 2 , Cap. 3

 

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