Medio siglo después de “1984” (Parte III)

Autor: Anthon Keenan.

Fragmentando a 1984

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Fragmento de la película “1984” de Michael Radford

En los post anteriores hemos analizado la relación ficción-realidad, literatura-fotografía, existentes en la manera de relatar la vida desde puntos de vista que al unirse nos muestran nuevos universos (unos maravillosos y otros simplemente devastadores). “1984” es el espejo que refleja a una desvencijada sociedad de ideales de izquierda llevados al extremo, a continuación evaluaremos a través de cinco aspectos, las coincidencias entre la mítica obra de Orwell y nuestro mundo moderno:

 

1.  El nuevo orden mundial de 1984

Este aspecto resulta particularmente interesante, Orwell nos describe a un mundo dividido en tres bloques: Eurasia, compuesto por la antigua URSS, extendiéndose por toda la región europea hasta España, excluyendo a Inglaterra e Irlanda; Asia Oriental, conformado por China, Japón y Corea; y nuestro escenario, Oceanía, que comprendía todo el continente de América, Sudáfrica, Australia, Reino Unido, Irlanda y Nueva Zelanda.

Para el momento en el que Orwell escribe la obra, el mundo se encontraba en una división similar: El bloque del Eje, conformado por los países que seguían el modelo fascista (Alemania, Italia, Japón y países títere bajo la ocupación); la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la cual jugó un papel decisivo en el fin de la guerra; y los del Bloque Aliado, formado por los países ocupados por la Alemania Nazi y potencias de corte capitalista (EEUU, Inglaterra, Francia, Polonia entre otros).

Años después de la Segunda Guerra Mundial, se cumpliría una de las predicciones de Orwell sobre este aparte. La Guerra Fría dividió al mundo – a diferencia de lo que comúnmente se cree – en tres bloques: Los países pro comunistas que integraban a la URSS y sus aliados; los países alineados con la OTAN liderada por EEUU y un tercer bloque denominado los países del tercer mundo, los cuales no compartían simpatías con ninguno de los dos principales bandos de la guerra.

Quizás en un contexto actual sobre el caso de la Quinta República Venezolana, el caso no es tan obvio, pero sin embargo, las pretensiones de crear un bloque Latinoamericano de países que compartieran una determinada ideología siempre estuvieron presentes entre las políticas internacionales del fallecido presidente, Hugo Chávez Frías.

Retomando al mundo que construyó Orwell en 1984, cabe destacar que los tres bloques que conformaban aquel apocalíptico mundo, a pesar de vivir en una “guerra” constante entre ellos, compartían similitudes en sus formas totalitaristas de gobierno e ideologías. En este sentido, Eurasia se regía por una ideología neo-bolchevique (la idea de los neonazis me resulta inseparable al imaginar esta postura), Asia Oriental rendía una especie de culto a la ideología llamada “adoración a la muerte” (quizás una predicción más de Orwell sobre el caso de China y Mao Zedong[1] o una alusión a los kamikazes japoneses) y Oceanía se regía por el llamado Ingsoc, acrónimo de “socialismo inglés”.

Para la fecha en que se publicó el libro de 1984, apenas Mao Zedong asumía la presidencia de China (1949), quizás Orwell se había dado cuenta con anterioridad de los intereses de líder chino sobre el poder y el posterior culto a su imagen.

 

2.  El Ingsoc y el Gran Hermano

El siniestro partido de Oceanía, consistía en una organización compuesta por hombres intelectuales y muy preparados en distintas áreas del conocimiento, pero que fueran lo suficientemente ingenuos para pensar por sí mismos. La mejor manera para infundir un sentimiento de proximidad para con unos, y de miedo para otros, se basaba en la imagen del Gran Hermano.

“Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas (…) Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.[2]

En palabras de Ale Román (2008): “La cara del Gran Hermano impone respeto a los que la ven, y que esté extendida por todas partes favorece su inclusión dentro de las mentes de los habitantes, podría decirse que es elevado a la categoría de un semidiós”.[3]

El Ingsoc no sólo había creado a un líder imponente y carismático, sino que había convertido a aquel hombre – del cual no se sabe nada más allá de lo que se ve en los miles de afiches y lo que dice el “Ministerio de la Verdad” – en una especie de ser omnipresente y omnipotente.

Las características de este superhombre creado por el imaginario del Ingsoc, coinciden con las descripciones de un hombre real llamado Iósif Stalin.

 

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Imagen 1. Retrato de Iósif Stalin (1950).

Es evidente la alusión que hace Orwell sobre el dictador ruso, sin embargo, el carácter monumental que le otorga a la imagen del Gran Hermano aparecerá en distintos países, con diferentes líderes, ya el escritor inglés había divisado los efectos que tendría la propaganda en el mundo, gracias a los nazis y a los soviéticos.

Andoni J. Abedul comenta refiriéndose al ex mandatario, Hugo Chávez:

“Se utiliza la imagen del Gran Hermano, sin saber que si está vivo o está muerto. Lo indudable para mi, habiendo leído el libro, es que hay notables similitudes en lo que hacen o hacían líderes de gobiernos totalitarios, pero de una manera exacta me recordaba al ex-presidente.”[4]

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Imagen 2. Adolf Hitler (1927) por Heinrich Hoffmann.

Precisamente, es esta imagen del “comandante supremo” la que más aproxima a la historia de Orwell con el contexto político y social de Venezuela. Desde el fallecimiento de Hugo Chávez, el partido imperante en el gobierno (el PSUV) se ha encargado de mitificar al líder de la Revolución Bolivariana, convirtiéndolo en una especie de ser digno de total adoración.

 

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Imagen 3. Hugo Chávez, cierre de campaña electoral 2012 por Jorge Silva.

En este punto, vale la pena reflexionar sobre el carácter que tiene la imagen, especialmente la que nos otorga la fotografía, para crear conceptos abstractos y e infundir emotividad. Una de las imágenes más impactantes tras la muerte de Chávez, fue, sin duda alguna, la del cierre de campaña electoral del año 2012 (ver imagen 3). Esta imagen nos demuestra cómo la fotografía puede reflejarnos en apariencia a un mártir que, por otro lado, contrastaba con la perspectiva muchas personas que lo consideraron un déspota dictador. Esta imagen ayudó a canonizar en el imaginario colectivo a Chávez como el Gran Hermano de Venezuela.

Posteriormente, parte de la campaña enaltecedora de quien a partir de entonces llamarán “el comandante supremo”, consistió en una imagen que representa, en términos fotográficos, un plano detalle de los ojos de Chávez. “EL GRAN HERMANO TE VIGILA”[5].

Detallando imágenes como la de los ojos de Chávez pintados en las escaleras de El Calvario, en Caracas, podremos darnos cuenta de la similitud entre lo que narraba Winston Smith al entrar al lúgubre “Ministerio de la Verdad” y la sensación que experimenta un transeúnte a sentir la mirada vigilante del ex presidente.

 

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Imagen 4. El Calvario, Caracas – Venezuela (2013) por José Romero.

3.  Los mecanismos del Ingsoc

El imponente partido de Oceanía, se sostiene sobre una base burocrática dividida en cuatro grandes ministerios: el Ministerio del Amor, el Ministerio de Paz, el Ministerio de la Abundancia y, el que mejor conoceremos a lo largo del relato de Orwell, el Ministerio de la Verdad.

En este sentido, correspondiéndose a una corriente del pensamiento impuesto por el partido, denominado “doblepensar”, la función de cada una de estas instituciones consistirá en labores contrarias a lo que las identifica:

El Ministerio del Amor sería el sinónimo venezolano al Ministerio para el Servicio Penitenciario, encargándose tanto del proceso privativo de libertad (especialmente de los presos políticos), como de estructurar una compleja serie de torturas a fin de “reinsertar en la sociedad” a quienes osaran levantar su voz en contra del Gran Hermano.

El objetivo de esto en palabras de O’Brien, consistía en doblegar la voluntad de los disidentes al partido y una vez sumisos, darles una muerte merecida ante los ojos del pueblo. Este mecanismo evitaba que los condenados a muerte, pasaran a la historia como mártires de una causa, por el contrario, serán convertidos en una suerte de despojo humano, ridiculizados y sin credibilidad, con los que ninguna persona tendría algún tipo de empatía.

“Más tarde se daría cuenta de que todo lo ocurrido entonces había sido sólo una ligera introducción, un interrogatorio rutinario al que eran sometidos casi todos los presos. Todos tenían que confesar, como cuestión de mero trámite, una larga serie de delitos: espionaje, sabotaje y cosas por el estilo. Aunque la tortura era real, la confesión era sólo cuestión de trámite.”[6] 

Tal como nos relata Winston Smith, la tortura buscaba obligar a que el preso político confesara una serie de delitos que no había realizado, con la finalidad de resquebrajar su imagen y de este modo dar carta blanca a la mano del partido para ejecutar a los “criminales” con el debido apoyo del pueblo.

Por muy absurdo que parezca, esto no es producto de la imaginación de George Orwell, de hecho, fue una medida que se aplicó en la URSS durante el régimen de Iósif Stalin. Durante los albores de la Guerra Fría, eran bien conocidos los procedimientos que ejecutó el dictador ruso para con miembros de su propio partido con la finalidad de quitarlos del camino político y así instaurar su mandato, bajo una fachada socialista. Estas medidas fueron conocidas en el mundo como los Procesos de Moscú de 1930, que tuvieron su origen un año antes con el exilio de León Trotski, prominente líder de la Revolución de Octubre junto a Vladímir Lenin.

El portal web ProDavinci, en su artículo “Persecuciones políticas: La Gran Purga y los Juicios de Moscú” da un preámbulo lo que fue, una medida bárbara:

“La necesidad de afianzar a Iósif Stalin en el poder, tras la muerte de Lenin y los cuestionamientos a su liderazgo, fue más allá de la lealtad con el líder.  El Comisariado del Pueblo, mejor conocido como la NKVD, al mando de Nikolái Yezhov, se encargó de utilizar las figuras expiatorias del “saboteador” y el “disidente”, sumadas a las ganas de “quedar bien” con Stalin y la eficaz excusa del sabotaje. Los juicios públicos pasaron a ser condenas a los campos de concentración y las condenas pasaron a ser fusilamientos.”[7] 

La anterior cita, puede ser confundida incluso como un fragmento de 1984 durante la angustiosa escena en la que Winston Smith es capturado y torturado en las instalaciones del temible “Ministerio del Amor”. Se habla inclusive de los campos de trabajo, espacios creados por la Alemania Nazi (campos de concentración) que posteriormente Stalin bautizaría en su versión soviética como los gulags (ver imagen 5).

 

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Imagen 5. Prisioneros construyendo una presa de piedra, Gulag en el Mar Báltico (1931-33) por Tomasz Kizny.

Por otra parte, Winston Smith describe en el siguiente fragmento, las características distintivas entre criminales comunes y presos políticos:

“Los prisioneros del Partido estaban siempre callados y llenos de terror, pero los criminales corrientes parecían no temer a nadie. Insultaban a los guardias, se resistían a que les quitaran los objetos que llevaban, escribían palabras obscenas en el suelo, comían descaradamente alimentos robados que sacaban de misteriosos escondrijos de entre sus ropas e incluso le respondían a gritos a la telepantalla cuando ésta intentaba restablecer el orden. Por otra parte, algunos de ellos parecían hallarse en buenas relaciones con los guardias, los llamaban con apodos y trataban de sacarles cigarrillos. También los guardias trataban a los criminales ordinarios con cierta tolerancia, aunque, naturalmente, tenían que manejarlos con rudeza. Se hablaba mucho allí de los campos de trabajos forzados adonde los presos esperaban ser enviados. Por lo visto, se estaba bien en los campos siempre que se tuvieran ciertos apoyos y se conociera el tejemaneje. Había allí soborno, favoritismo e inmoralidades de toda clase, abundaba la homosexualidad y la prostitución e incluso se fabricaba clandestinamente alcohol destilándolo de las patatas. Los cargos de confianza sólo se los daban a los criminales propiamente dichos, sobre todo a los gansters y a los asesinos de toda clase, que constituían una especie de aristocracia. En los campos de trabajos forzados, todas las tareas sucias y viles eran realizadas por los presos políticos.”[8]

A partir de este punto, nos alejamos de la visión penitenciaria soviética y nos acercamos a una profética realidad sobre el sistema carcelario venezolano; se nos describe prisiones donde parece reinar la anarquía, pero a su vez existe un orden regido por una “especie de aristocracia” que sin duda alguna nos recuerda a los famosos pranes que, Luidig Ochoa, plasma en su trabajo de animación “Cárcel o infierno” basándose en su estadía en el centro penitenciario de Tocorón[9]. Así mismo las mafias que imperan en estos espacios, el narcotráfico y el crimen organizado son paralelismos a los que no se puede escapar al leer la obra de Orwell y analizar el tema de las cárceles venezolanas.

Otro aspecto, es sin duda el de los presos políticos y las torturas; aspectos que deben ser tratados por separado, pero que convergen en una misma matriz. En primer lugar, si bien, el gobierno venezolano ha empleado la corrupción de los poderes legislativos para encarcelar a cualquier dirigente opuesto al régimen, quizás no hayan llegado a los extremos de Stalin creando juicios-espectáculo donde los acusados se inculpen de crímenes no cometidos, sin embargo, es claro que existe un sesgo a la hora de enjuiciar a dichos líderes; casos como el de Leopoldo López, Daniel Ceballos, o incluso más antiguos como el de Iván Simonovis, sirven para ejemplificar este aparte.

 

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Imagen 6. Interior de la cárcel “Vista Hermosa” de Bolívar, Venezuela (2013) por Sebastian Liste.

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Imagen 7. El líder de la oposición venezolana, Leopoldo López, se entrega a la Guardia Nacional Bolivariana, Caracas – Venezuela (2014) por Jorge Silva.

Por otro lado, el tema de las torturas parece más reciente a raíz de las manifestaciones en Venezuela que tuvieron origen el 12 de febrero de 2014. Miembros de la organización Amnistía Internacional, para el mes de abril del mismo año, ya habrían formalizado 81 casos de violación de derechos humanos, donde la tortura, figura como uno de los principales mecanismos empleado por los cuerpos de seguridad (tanto Guardia Nacional Bolivariana como Policía Nacional Bolivariana)[10] con la finalidad de intimidar a los manifestantes y obligarlos a cesar las protestas.

Los efectivos de seguridad también juegan un papel fundamental en la obra de Orwell, la conocida Policía del Pensamiento sería el brazo represor del Ingsoc para mantener a raya a quienes si quiera pensaran contrariar los dictámenes del Gran Hermano. Winston Smith narrará la brutal manera de proceder de los efectivos de aquella policía a servicio del gran partido:

“Recordaba, en cambio, que en todo momento había en torno suyo cinco o seis individuos con uniformes negros. A veces emplearon los puños, otras las porras, también varas de acero y, por supuesto, las botas. Sabía que había rodado varias veces por el suelo con el impudor de un animal retorciéndose en un inútil esfuerzo por evitar los golpes, pero con aquellos movimientos sólo conseguía que le propinaran más patadas en las costillas, en el vientre, en los codos, en las espinillas, en los testículos y en la base de la columna vertebral. A veces gritaba pidiendo misericordia incluso antes de que empezaran a pegarle y bastaba con que un puño hiciera el movimiento de retroceso precursor del golpe para que confesara todos los delitos, verdaderos o imaginarios, de que le acusaban.” [11]

Más allá del uniforme negro – el cual nos recuerda a la SS alemana (Schutzstafell) e inclusive a los “camisas negras” italianas de Mussolini – la manera de proceder de estos cuerpos policiales es similar al de la Policía Nacional Bolivariana en Venezuela durante las diversas manifestaciones de 2014, donde la represión y la brutalidad han pasado por encima de cualquier tipo de civismo.

 

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Imagen 8. Desfile de los “camisas negras” por las calles de Cremona, Italia (1936) por Ernesto Fazioli.

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Imagen 9. Manifestantes opositores se enfrentan a miembros de la Policía Nacional Bolivariana, Caracas – Venezuela (2014) por Santi Donaire.

Orwell finalmente nos describe las consecuencias de caer en manos de la terrible Policía del Pensamiento, no sólo en lo psicológico, sino en lo más evidente, lo físico; evocando casi a la perfección, la imagen de los prisioneros judíos en los campos de concentración Nazi al detallarnos el aspecto de Winston Smith, tras varios días de tortura.

 

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Imagen 10. Prisionero de un campo de concentración Nazi (1939) por Roger Violet.

El Ministerio de la Verdad, por otra parte, además de ser el lugar desde donde nuestro protagonista ubica su perspectiva sobre el partido, es el órgano que se encarga de manipular a toda costa, la información, para que ésta siempre esté en consonancia con lo que el Gran Hermano haya decretado.

Múltiples escenas nos relatará Winston Smith, quien a diario es partícipe de las mentiras que el Ingsoc difunde. El partido conocía el poder de la información, y se regía por un pensamiento claro: “El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado.”[12]

De este modo se llevaban a cabo una serie sistemática de alteraciones de la realidad, borrando todo vestigio del pasado que no se correspondiera con la actualidad del partido y manipulando la información a favor de los dictámenes del Ingsoc. Las personas que eran “vaporizadas” (término sutil para referirse al exterminio) simplemente desaparecían de cualquier registro, cualquier noticia o fotografía.

Esta práctica la llevaron a cabo varios líderes totalitarios, Stalin nuevamente sale a relucir y aunque la práctica ya era común entre los mismos fascistas, el dictador soviético se aprovechó de los trucajes fotográficos para “vaporizar” a otras personas.

 

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Imagen 11. Trucaje fotográfico de hombre ejecutado en la dictadura estalinista.

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Imagen 12. Mao Zedong decidió que su antiguo amigo Po Ku fuera retirado de la fotografía al molestarse por los errores que había cometido cuando el Ejército Rojo intentó derrotar la Quinta Campaña de Cerco (1936).

Pero el Ministerio de la Verdad, no sólo modificaba información, iba más lejos, modificaba la historia y el pasado:

“Y si todos los demás aceptaban la mentira que impuso el Partido, si todos los testimonios decían lo mismo, entonces la mentira pasaba a la Historia y se convertía en verdad. «El que controla el pasado —decía el slogan del Partido—, controla también el futuro. El que controla el presente, controla el pasado.» Y, sin embargo, el pasado, alterable por su misma naturaleza, nunca había sido alterado. Todo lo que ahora era verdad, había sido verdad eternamente y lo seguiría siendo. Era muy sencillo. Lo único que se necesitaba era una interminable serie de victorias que cada persona debía lograr sobre su propia memoria. A esto le llamaban «control de la realidad». Pero en neolengua había una palabra especial para ello: doblepensar.”[13]

Evidentemente, la alteración del pasado estaba apoyada a una especie de catarsis a la cual le llamaban “doblepensar”, se trata de un proceso autoinducido en el cual el individuo hace caso omiso a las contradicciones del discurso y toma por verdad cualquier argumento por descabellado, incoherente y anacrónico que parezca.

El “doblepensar” de hecho, es un mecanismo muy frecuente en Venezuela. Al ver los documentos audiovisuales donde un recién elegido Chávez en 1998 declara no ser socialista, respetar la propiedad privada y los medios de comunicación, en contraste con el mismo Chávez pero después de 2002, intentando modificar la constitución (nuevamente) para instaurar el “socialismo del siglo XXI”, expropiar la propiedad privada y mantener en constante amenaza la libertad de prensa; no nos deja otra conclusión que pensar que, efectivamente, durante 15 años Venezuela se ha regido por el “doblepensar” orwelliano.

Andoni Abedul (2014), sostiene sobre el “doblepensar” en la política venezolana que:

“Esto se puede ver claramente cuando llaman a los opositores golpistas, pero el gobierno celebra el 4 de Febrero, una fecha en la que el ex-presidente HRCF con un grupo de militares hizo su primer intento de golpe de estado contra el presidente de aquel entonces, Carlos Andrés Pérez. O cuando declaran una guerra económica contra la burguesía pero hacen una devaluación de casi al 100% reduciendo el poder de adquisición de la gente que compra productos en un mercado venezolano en el que prácticamente todo se importa del exterior.”[14]

Si nos vamos a casos más recientes, el presidente Nicolás Maduro, también ejerce el “doblepensar”, un ejemplo de ello es cuando éste declara que no habrá devaluación del Bolívar (la moneda venezolana) y en menos de un año de gobierno, la moneda fue devaluada tres veces. “Doblepensar” no es sólo contradecirse, sino aceptar estas contradicciones.

El “doblepensar” era una frase extraída de la “neolengua”, un vocablo que el Ministerio de la Verdad se encargaba de crear para controlar a través de la degeneración del lenguaje, el pensamiento de la población. Básicamente consistía en reducir el lenguaje a términos completamente básicos que no permitieran la construcción de pensamientos abstractos y profundos, esto buscaba evitar pensamientos de rebelión por parte de los habitantes de Oceanía.

En Venezuela lamentablemente no hizo falta la “neolengua”, pues durante años, el pueblo ha aceptado las contradicciones, que van de lo sutil a lo más evidente. Aceptar el “país de las maravillas” que nos recrean algunos medios de comunicación oficiales (del Estado) como Venezolana de Televisión, constituye un acto de “doblepensar”.

Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas; emplear la lógica contra la lógica, repudiar la moralidad mientras se recurre a ella (…) esta era la más refinada sutileza del sistema: inducir conscientemente a la inconsciencia, y luego hacerse inconsciente para no reconocer que se había realizado un acto de autosugestión. Incluso comprender la palabra doblepensar implicaba el uso del doblepensar.”[15]

Sin duda, al lograr alterar el pasado e instaurar el “doblepensar” el partido estaba garantizándose el poder absoluto sobre toda la población, ya que, en palabras Jean-Claude Michéa: “el sentido del pasado, y por tanto, la capacidad de recordar y añorar, constituyen condiciones totalmente indispensables en cualquier empresa revolucionaria que no se resigne a ser una variante inédita de los errores ya cometidos.”[16].

Otras de las funciones del Ministerio de la Verdad consistía en crear los productos de entretenimiento para las masas denominadas “proles”, dichos productos no contenían algún mensaje intelectual o reflexivo, por el contrario era entretenimiento vacío que servía para mantener cauta a la masa (“pan y circo para el pueblo”).

El Ministerio de Paz, consecuentemente, es el organismo que cumple las funciones de guerra del Estado. A pesar de que en Venezuela, el ministerio designado para estas funciones sea el Ministerio de Defensa, existe otro ministerio venezolano que incluye la palabra “paz” en su nombre, se trata del Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz.

En el contexto de la apocalíptica Oceanía, el Ministerio de la Paz cumple con la importante función de mantener eternamente una guerra contra alguno de otros dos bloques estatales que rigen el mundo; para ello, vivirán en una eterna disputa por un espacio neutral que comprende todo el lado norte del continente africano, Medio Oriente y Asia menor.

Durante la guerra, es habitual que cada cierto tiempo Oceanía intercambie alianzas, pasando de estar en guerra con alguna de las dos potencias para, posteriormente, ser aliada de ésta y unirse en contra de la otra restante. Orwell hace uso de su sentido del humor en esta cualidad de Oceanía, se trata de una burla del escritor inglés sobre el cambio de alianzas realizado por la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, siendo primeramente aliada del Bloque del Eje, para finalmente unirse al Bloque de los países Aliados; cambio que en definitiva definió el fin de la guerra.

Por otro lado, el detalle de una guerra eterna sería quizás otra de las profecías orwellianas, pues desde su nacimiento en 1922, hasta su caída en 1991, la Unión Soviética se mantuvo en estado de guerra, pasando de la Segunda Guerra Mundial a la Guerra Fría. Pero existe una justificación más profunda en el acto de la guerra que el mero hecho de anexarse vastos espacios de tierra o implantar una ideología sobre otra:

“La guerra es una manera de pulverizar o de hundir en el fondo del mar los materiales que en la paz constante podrían emplearse para que las masas gozaran de excesiva comodidad y, con ello, se hicieran a la larga demasiado inteligentes (…) En principio, el esfuerzo de guerra se planea para consumir todo lo que sobre después de haber cubierto unas mínimas necesidades de la población. Este mínimo se calcula siempre en mucho menos de lo necesario, de manera que hay una escasez crónica de casi todos los artículos necesarios para la vida, lo cual se considera como una ventaja. Constituye una táctica deliberada mantener incluso a los grupos favorecidos al borde de la escasez, porque un estado general de escasez aumenta la importancia de los pequeños privilegios y hace que la distinción entre un grupo y otro resulte más evidente (…) La atmósfera social es la de una ciudad sitiada, donde la posesión de un trozo de carne de caballo establece la diferencia entre la riqueza y la pobreza. Y, al mismo tiempo, la idea de que se está en guerra, y por tanto en peligro, hace que la entrega de todo el poder a una reducida casta parezca la condición natural e inevitable para sobrevivir.”[17]

La guerra es la herramienta que utiliza el partido como fachada para justificar la escases, exactamente la misma fachada empleada por el presidente, Nicolás Maduro, al enunciar una supuesta “guerra económica” como la responsable del desabastecimiento en Venezuela. Dicha fachada sirve para marcar aún más las diferencias de clases y – en el caso de Venezuela – alimentar la discordia entre pobres, clase media y ricos.

El fragmento citado, sin embargo, contempla un acto de sumisión por parte del pueblo hacia los líderes de la nación, a quienes se les otorga todo el poder como condición natural para la supervivencia del pueblo; es precisamente en este punto donde ha fallado la estrategia del gobierno venezolano encabezado por Maduro, pues al no haber sumisión, se desata la rebelión, que es precisamente lo que ha estado aconteciendo en el país a partir de las manifestaciones de febrero de 2014.

Por otra parte, Andoni Abedul observa que:

“En Diciembre del año pasado el índice de escasez se ubicó en 22,2% según el Banco Central de Venezuela, pero esto claramente se ve en la calle cuando hay que hacer enormes filas para comprar productos básicos como Harina Pan, aceite o azúcar. Entonces sucede lo de la cita ¿Quién no ha visto a alguien feliz por haber conseguido Harina Pan? Cuando claramente no debes estar feliz, debes estar apenado porque algo tan básico no se consiga, pero todo es psicología social.” [18]

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Imagen 13. Panorámica de Gran Abasto Bicentenario desabastecido, Caracas – Venezuela (2014) por Rodrigo Picón.

Es de este modo como llegamos al último ministerio, el Ministerio de la Abundancia, el cual tiene una estrecha relación con el Ministerio de Paz, pues mientras una sirve de fachada para justificar la escasez, este organismo se encarga de racionar los productos a la población.

La palabra racionamiento se nos ha hecho ya muy familiar en el contexto venezolano, y es que Orwell parece haber dado con la fórmula de las prácticas totalitarias – haciendo honor al humor venezolano, una famosa página de comedias publicó un artículo cuyo titular reza “Maduro confundió el «Plan de la Patria» con copia de «1984» de Orwell”[19] – hasta ahora, la mayoría de los procesos que relata el escritor inglés han sido llevados parcial o totalmente durante los 15 años de la Quinta República Venezolana; inclusive, recientemente Maduro, ha puesto en práctica el uso de una tarjeta de racionamiento, lo que deja mucho a la reflexión sobre el tenebroso camino por el que transita nuestro país.

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Imagen 14. Racionamiento en Venezuela (2013).

A pesar de todas estas sorprendentes similitudes, Orwell nos tiene más sorpresas que mostrar. En el siguiente post, continuaremos desmontando la obra “1984” y su relación con la Venezuela contemporánea.

 

Referencias Bibliográficas

 

[1] Para la fecha en que se publicó el libro de 1984, apenas Mao Zedong asumía la presidencia de China (1949), quizás Orwell se había dado cuenta con anterioridad de los intereses de líder chino sobre el poder y el posterior culto a su imagen.

[2] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 4.

[3] Ale Román. Minorías. “Análisis de la sociedad del libro «1984»” http://minoriamundial.blogspot.com/2008/08/anlisis-de-la-sociedad-del-libro-1984.html

[4] Andoni J. Abedul. Des-Venezuela. “El libreto de Venezuela en «1984» de George Orwell”. https://medium.com/des-venezuela/13d27af5bcfe

[5] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 4.

[6] Ob. cit. p 137.

[7] ProDavinci. “Persecuciones políticas: La Gran Purga y los Juicios de Moscú” http://prodavinci.com/2013/04/22/perspectivas/historia-ideas/persecuciones-politicas-la-gran-purga-y-los-juicios-de-moscu/

[8] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. pp 129-130.

[9] Últimas Noticias. “Cárcel o infierno”. Entrevista a Luidig Ochoa. En http://youtu.be/lwBZsUFqTwo

[10] Nuevo diario web. “Denuncian 81 casos de tortura en Venezuela” http://www.nuevodiarioweb.com.ar/nota/mundo/518504/denuncian-81-casos-torturas-venezuela.html

[11] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 137.

[12] Ob. cit. p 22.

[13] Idem

[14] Andoni J. Abedul. Des-Venezuela. “El libreto de Venezuela en «1984» de George Orwell”. https://medium.com/des-venezuela/13d27af5bcfe

[15] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 22.

[16] Jean-Claude Michéa. Biblioweb. “Rebelión y conservadurismo. Las lecciones de «1984»” http://biblioweb.sindominio.net/pensamiento/orwell.html#note1

[17] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. pp 109 – 120.

[18] Andoni J. Abedul. Des-Venezuela. “El libreto de Venezuela en «1984» de George Orwell”. https://medium.com/des-venezuela/13d27af5bcfe

[19] El Chigüire Bipolar. “Maduro confundió el «Plan de la Patria» con copia de «1984» de Orwell”. http://www.elchiguirebipolar.net/11-09-2013/maduro-confundio-plan-de-la-patria-con-copia-de-1984-de-orwell/

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