Medio siglo después de “1984” (Parte IV)

Autor: Anthon Keenan.

Fragmentando a 1984 (continuación)

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4.  La pirámide social de Oceanía

Si bien, el mundo de 1984 estaba regido en totalidad por diversas vertientes de la ideología social-comunista, en términos prácticos estas nuevas doctrinas cada vez más se alejaban de su inspiración primigenia, formulada muchos años atrás por un prusiano de apellido Marx. Estos sistemas en lugar de acabar con las clases sociales, por el contrario, acentuaban sus diferencias – anteriormente se explicaba cómo el Ministerio de Paz y el Ministerio de la Abundancia contribuían en la desigualdad socio-económica de los pueblos – de modo que a partir de esto, surge una pirámide social que se mantiene intacta en la medida en que el partido lo hace posible.

Ale Román (2008) señala:

“Se puede observar claramente la estratificación social realizada dentro de esta sociedad ya que si bien no hay «prejuicios raciales ni dominio de una provincia sobre otra»(1984; Orwell, George; pág. 117), la desigualdad radica en el lugar del estamento social que las personas han sabido ganarse.”[1]

De modo que la taxonomía social de Oceanía, no tiene nada que ver con una capacidad económica, ni de casta y como bien lo señalaba Román, no existen prejuicios sociales, raciales o territoriales que determinaran quienes merecían estar en los escalafones más altos de la sociedad oceánica. Evidentemente la única manera de ser ubicado socialmente, estaba basada en la relación entre el individuo y el partido.

La estructura es básica de las sociedades arcaicas, incluso es oportuno revisar la pirámide social del Antiguo Egipto; en la cúspide de la pirámide se encontraba el faraón, quien era temido como una reencarnación de alguno de los dioses egipcios, análogamente aquí se ubicaría el Gran Hermano en la estructura social de Oceanía, “Su función es actuar como punto de mira para todo amor, miedo o respeto, emociones que se sienten con mucha mayor facilidad hacia un individuo que hacia una organización.”[2].

Posteriormente, bajo el faraón, se ubican los sacerdotes, funcionarios y jefes militares respectivamente. Son los líderes, los que comandan a las diversas organizaciones del Imperio Egipcio, lo que para efectos de 1984 vendría siendo los miembros del Partido Interior, la mente tras toda la maquinaria del partido. Hasta aquí llegan las clases privilegiadas en la pirámide social de estas dos naciones.

Inmediatamente bajo las ordenes de los miembros del Partido Interior, se encuentra subordinado quienes forman parte del Partido Exterior,  que en palabras de Winston Smith: “si el primero puede ser descrito como el «cerebro del Estado», el segundo pudiera ser comparado a las manos”[3].

En la organización social egipcia precederían los comerciantes artesanos y campesinos; pero estas dos clases se corresponderían con mayor propiedad a lo que denominarían en Oceanía como los “proles” (o proletarios en términos marxistas), esa gran masa de gente sin mayor preocupación que la vida diaria – tal vez la palabra “supervivencia” sea el término más adecuado.

Ale Román identifica una última clase en la estructura social de Oceanía:

“… a pesar de esta estratificación social, pueden observarse un grupo más, pero aislados de esta clasificación, a los quienes se los podría relacionar con los “parias” en el sistema de castas de los hindúes. Ellos son “la masa de esclavos procedentes de las tierras ecuatoriales, que pasan constantemente de vencedor” quien “no forma parte de la población propiamente dicha”, (1984; Orwell, George; pág. 117). Esto es así porque las tres potencias (Oceanía, Eurasia y Asia Oriental) se disputan la soberanía de estos estados, y dentro de las innumerables batallas, quien las posea domina a la población de aquel lugar.”[4]

Esta clase anexa conformaría el último escalafón de la pirámide social, donde en el Antiguo Egipcio se ubicarían los esclavos.

Volviendo la vista a la organización social de Venezuela, poco a poco notamos como la estructura tradicional de las sociedades modernas ha sido remplazada por la descrita en 1984. Las clases altas se han deteriorado y han sido remplazadas por los altos funcionarios del gobierno. La clase media cada vez disminuye su calidad de vida, de aquí se desprenden los miembros de la clase media que subsisten de su subordinación al gobierno a través de labores en los distintos organismos del Estado y los que viven de la empresa privada – si intentamos predecir el destino de ésta última facción de la clase media, muy probablemente sea su transformación en la nueva clase baja venezolana.

Sin embargo, las clases bajas seguirán siendo clases bajas, el gobierno no permitirá que lleguen al estado crítico de la pobreza por medio de planes y operativos (misiones) que se encarguen de proveer a estas clases de lo básico para vivir – ¿será casual el parecido con los procedimientos del Ministerio de la Abundancia de Orwell? – La consecuencia de esto, se traduce en una clara dependencia al gobierno, que ha inutilizado al pueblo con el fin de impedir su autonomía.

Para hacer efectivo el sostenimiento de esta organización social, el partido ejerce una fuerte campaña de persuasión principalmente con los miembros de sus organizaciones. Esto garantiza en cierta medida, la fidelidad de los miembros tanto del Partido Interior, y especialmente, del Partido Exterior del Ingsoc.

Anteriormente mencionábamos que los funcionarios del Ingsoc eran personas muy capaces en distintas labores, pero no lo suficientemente suspicaces para ejercer un pensamiento crítico hacia el sistema. Winston Smith describe lo siguiente sobre uno de sus compañeros del Ministerio de la Verdad:

“Parsons era el compañero de oficina de Winston en el Ministerio de la Verdad. Era un hombre muy grueso, pero activo y de una estupidez asombrosa, una masa de entusiasmos imbéciles, uno de esos idiotas de los cuales, todavía más que de la Policía del Pensamiento, dependía la estabilidad del Partido.”[5]

Y es en esta dependencia hacia el partido, donde se ubica el fanatismo, la irracionalidad y el extremismo. Precisamente, hacer que el partido sea algo vital para una persona constituye el grado de fidelidad y compromiso deseable para quienes controlan el poder, contar con estas personas es una manera de asegurarse el mando perpetuo.

10296021_1429802237270544_2215270583490000516_oImagen 15. Marcha de los sectores chavistas por la paz (2014) por Rodrigo Abd.

Las técnicas de publicidad y propaganda, sugieren que para crear un estado de identidad institucional, se debe crear una imagen corporativa, de allí una serie de elementos ideológicos que determinen el afecto de los miembros con la organización y su compromiso, generalmente el fin de esto es obtener un ambiente laboral óptimo y así aumentar la calidad de la producción laboral.

En el caso del Ingsoc, la calidad en la producción laboral es lo menos importante, lo verdaderamente indispensable es contar con un cuerpo de trabajo que sea capaz de dar su vida por el Gran Hermano y representar la moral del partido.

“Lo que interesa no es la moral de las masas, cuya actitud no importa mientras se hallen absorbidas por su trabajo, sino la moral del Partido mismo. Se espera que hasta el más humilde de los miembros del Partido sea competente, laborioso e incluso inteligente —siempre dentro de límites reducidos, claro está—, pero siempre es preciso que sea un fanático ignorante y crédulo en el que prevalezca el miedo, el odio, la adulación y una continua sensación orgiástico de triunfo. En otras palabras, es necesario que ese hombre posea la mentalidad típica de la guerra.”[6]

Aunque con fines distintos, el Ingsoc aplica las enseñanzas de la propagada e identidad institucional, Winston Smith comienza su relato describiéndose como “una figura pequeña y frágil cuya delgadez resultaba realzada por el «mono» azul, uniforme del Partido”[7]. El uniforme será el primer elemento distintivo entre Winston Smith, miembro del Partido Exterior, y los proles.

Así mismo, esta identidad también fue promovida por diversos sistemas totalitarios del mundo. Los nazis fueron famosos por sus uniformes confeccionados de la mano del diseñador alemán, Hugo Boss. Por otra parte, los regímenes de corte socialista-comunista, prefirieron usar el color rojo como distintivo.

En este mismo orden de ideas, el adoctrinamiento tenía un carácter especial, bien como señalábamos anteriormente, el partido se hace más fuerte en la medida en que se haga más indispensable para el pueblo, especialmente para sus fieles adeptos. La táctica empleada por el Ingsoc, no sólo se fundamentaba en la supremacía del partido por encima de todas las cosas, sino en la satanización de aquello que le es opuesto.

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Imagen 16. Uniforme de las SS alemanas, Berlín (1938).

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Imagen 17. Concentración oficialista en apoyo a Nicolás Maduro (2014) por AFP.

El efecto de esta satanización, según Winston Smith, se produce de la siguiente manera:

“Innumerables veces, en manifestaciones espontáneas y asambleas del Partido, había gritado Julia con todas sus fuerzas pidiendo la ejecución de personas cuyos nombres nunca había oído y en cuyos supuestos crímenes no creía ni mucho menos. Cuando tenían efecto los procesos públicos, Julia acudía entre las jóvenes de la Liga juvenil que rodeaban el edificio de los tribunales noche y día y gritaba con ellas: « ¡Muerte a los traidores!». Durante los Dos Minutos de Odio siempre insultaba a Goldstein con más energía que los demás. Sin embargo, no tenía la menor idea de quién era Goldstein ni de las doctrinas que pudiera representar.”[8]

Similar a lo que Orwell nos describe en 1984 a través Smith, sucede en Venezuela una fuerte campaña de odio hacia los líderes de oposición – ¿les suena la frase “la trilogía del mal”? – lo que ciertamente ha incrementado la división ideológica. El caso de familias que han roto relaciones por discrepancias políticas, personas que han llegado al extremo de la violencia y hasta el homicidio, pareciera sonarnos a lo que vivió España durante la Guerra Civil; sin alejarnos del contexto reciente, los enfrentamientos entre grupos paramilitares denominados “colectivos” que hostigan, persiguen, intimidan, agreden y humillan a estudiantes que protestan contra un sistema político disfuncional, son la más clara muestra de 15 años de odio infundido por los líderes de la “revolución bolivariana” (ver imagen 14).

Desde el punto de vista de la oposición, muchos de los afectos del gobierno se corresponden con la siguiente descripción:

“Lo único que a ella le interesaba era saber cuándo tenía que vitorear y cuándo le correspondía abuchear (…) Hablándole, comprendía Winston qué fácil era presentar toda la apariencia de la ortodoxia sin tener idea de qué significaba realmente lo ortodoxo. En cierto modo la visión del mundo inventada por el Partido se imponía con excelente éxito a la gente incapaz de comprenderla. Hacía aceptar las violaciones más flagrantes de la realidad porque nadie comprendía del todo la enormidad de lo que se les exigía ni se interesaba lo suficiente por los acontecimientos públicos para darse cuenta de lo que ocurría. Por falta de comprensión, todos eran políticamente sanos y fieles.”[9]

Lo que explica en varias ocasiones la indiferencia de muchas personas ante las violaciones a los derechos humanos y peor aún, su total aprobación.

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Imagen 18. Ofrenda floral a los mártires de las protestas en Venezuela (2014) por Fernando Llano.

En toda la obra de Orwell, siempre se dejó algo muy claro, y es que quienes realmente eran los más perjudicados, eran los “proles”. La historia se ha encargado de demostrarnos que en todo proceso de cambio social violento, quienes realmente sufren las consecuencias, son los sectores menos privilegiados del pueblo, es por ello que conviene analizar el papel de los “proles” en la obra de Orwell, como testimonio de la hecatombe política.

 

5.  Las proles

El sector mayoritario de la población de Oceanía con un 85% y la esperanza de Winston Smith, quien tenía claro que de haber una revolución, la clave se hallaba en el proletariado:

“Si había esperanza, tenía que estar en los proles porque sólo en aquellas masas abandonadas, que constituían el ochenta y cinco por ciento de la población de Oceanía, podría encontrarse la fuerza suficiente para destruir al Partido… Pero los proles, si pudieran darse cuenta de su propia fuerza, no necesitarían conspirar. Les bastaría con encabritarse como un caballo que se sacude las moscas. Si quisieran podrían destrozar el Partido mañana por la mañana.”[10]

Y siendo completamente conscientes de ello, las siniestras mentes del partido se han propuesto la labor de controlar a toda costa, la mente de aquellas masas, induciéndolos a la ignorancia y el letargo – recordemos una de las tareas del Ministerio de la Verdad sobre la producción de entretenimiento efímero.

El conocimiento y la educación constituyen un peligro para todas las dictaduras, pues la ignorancia es el volante a través del cual los tiranos manejan al pueblo, inclusive, el deterioro intelectual de las masas constituye también una estrategia de líderes democráticos que se valen de la corrupción; la letra de la canción Promesas del grupo venezolano, Desorden Público, refleja una increíble similitud entre la actualidad venezolana y lo que se vivía en 1990: “Manipulan la información y mantienen atrasada la educación, les conviene un pueblo ignorante, por eso callan a los estudiantes…”[11].

La ignorancia precisamente es el factor que hace posible, lo absurdo:

“Por lo visto, había habido hasta manifestaciones para agradecerle al Gran Hermano— el aumento de la ración de chocolate a veinte gramos cada semana. Ayer mismo, pensó, se había anunciado que la ración se reduciría a veinte gramos semanales (…) ¿Es que sólo él, Winston, seguía poseyendo memoria?”[12]

Quizás esto nos recuerde a las manifestaciones de agradecimiento de un pueblo venezolano afecto al mandato del ya mencionado “comandante supremo”, quien dejó como heredero a un canciller cuyas políticas han sido conocidas en todo el mundo, lamentablemente para ser la referencia de lo que no se debe hacer en un país; fieles, sin embargo, al legado de su líder, estos venezolanos manifiestan un apoyo ciego a Maduro, y ciego, también ante una realidad que del mismo modo, les afecta.

Winston Smith, relata el suplicio de un hombre para conseguir ciertos artículos:

Siempre faltaba algún artículo necesario que en las tiendas del Partido no podían proporcionar; unas veces, botones; otras, hilo de coser; a veces, cordones para los zapatos, y ahora faltaban cuchillas de afeitar. Era imposible adquirirlas a no ser que se buscaran furtivamente en el mercado «libre».”[13]

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Imagen 19. Venezolanos hacen cola para adquirir productos alimenticios, Táchira – Venezuela (2014) por Carlos García.

Pero no es sólo el tema de la crisis alimentaria que atraviesa Venezuela, lo que establece un puente comparativo entre la realidad y la ficción que engloba la obra de Orwell. En 1984, también se nos relata las condiciones ambientales y de seguridad en las que vivían los proles, mencionando ascensores que no funcionan, cortes de luz, calles sucias y en estado de ruina; una descripción más exacta no las da el protagonista de 1984:

“Marchaba por una calle empedrada, cuyas viejas casas sólo tenían dos pisos y cuyas puertas abiertas descubrían los sórdidos interiores. De trecho en trecho había charcos de agua sucia por entre las piedras. Entraban y salían en las casuchas y llenaban las callejuelas infinidad de personas: muchachas en la flor de la edad con bocas violentamente pintadas, muchachos que perseguían a las jóvenes, y mujeres de cuerpos obesos y bamboleantes, vivas pruebas de lo que serían las muchachas cuando tuvieran diez años más, ancianos que se movían dificultosamente y niños descalzos que jugaban en los charcos y salían corriendo al oír los irritados chillidos de sus madres. La cuarta parte de las ventanas de la calle estaban rotas y tapadas con cartones.”[14]

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Imagen 20. Calles de La Vieja Habana, Cuba (2002) por Jialiang Gao.

Casi de manera profética, Orwell hace una descripción perfecta de La Vieja Habana, 53 años antes de que el fragmento del libro consiguiera ser materializada en una fotografía (ver imagen 20). Es imposible no asombrarse con la exactitud con la que Orwell describe estas calles, uno llegaría a pensar incluso, que el escritor inglés había recorrido alguna vez de su vida, por las calles de La Habana, lo que refleja en George O. una inmensa capacidad de predicción política, que incluso, medio siglo después de publicado 1984, aún mantiene vigencia.

Venezuela, por su parte, añade a los caóticos escenarios del Londres pos apocalíptico que nos narra Orwell en su obra; el valor agregado de una férrea violencia relacionada al crimen, siendo Caracas principalmente la segunda ciudad más peligrosa del mundo, según la ONG mexicana, Seguridad, Justicia y Paz[15].

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Imagen 21. Petare, Miranda – Venezuela (2013) Jerome Sessini.

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Imagen 22. Niños jugando en San Agustín, Caracas (2013) por Jerome Sessini.

“En Londres había mucha criminalidad, un mundo revuelto de ladrones, bandidos, prostitutas, traficantes en drogas y maleantes de toda clase; pero como sus actividades tenían lugar entre los mismos proles, daba igual que existieran o no.”[16]

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Imagen 23. Negociante de drogas en Petare Alto, Miranda – Venezuela (2013) por Jerome Sessini.

La delincuencia, el narcotráfico y el crimen organizado, son elementos de la sociedad del barrio. Lamentablemente nadie puede escapar a estas figuras en Caracas, salvo quienes tienen la protección privilegiada que tienen los gobernantes – y sin embargo, ellos tampoco están completamente protegidos. Las bandas delictivas son quienes controlan diversos sectores de la ciudad, ellos tienen un gobierno distinto, su propia ley; los proletarios viven resignados a lo que el hampa imponga por la vía del fuego.

Las autoridades corruptas, no hacen el mínimo esfuerzo por imponer seguridad, por el contrario, es conocido por muchos, que los cuerpos de seguridad nacional negocian con los delincuentes, les venden armas o droga incautada en alguna redada. Esto se traduce en la dramática situación que viven los caraqueños a diario.

 

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Imagen 24. Miembro de banda criminal, Alto Petare, Miranda – Venezuela (2013) por Jerome Sessini.

Finalmente, Winston Smith concluye, sobre los proles, que: “Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se revelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Éste es el problema.”[17]

Ese es el proceso que se está gestando en Venezuela desde el 12 de febrero de 2014, un proceso en el cual se está concientizando a las proles de su papel histórico y decisivo en la construcción de una nación. Ha comenzado una rebelión que se mantiene activa y día a día, pese a la represión, ha demostrado sumar más voluntades.

A lo largo del presente ensayo, hemos recorrido la mayoría de los aspectos en los que 1984, refleja la historia política y social que ha vivido la humanidad del s. XX, pero particularmente haciendo énfasis en el caso de Venezuela. Se evidencia un gran dominio sociológico en la escritura de George Orwell, creando una obra con capacidades de oráculo siendo capaz de predecir, de manera exacta, los eventos de sociedades que precedieron a su muerte en 1950, sin duda, una obra de lectura obligatoria.

Jean-Claude Michéa afirmará que en esencia, 1984, es la historia de una rebelión que se derrumba y analizará las razones de este fracaso:

“… poco se ha dicho sobre el hecho de que el fracaso de Winston no se debe a que cualquier rebelión contra el poder de Gran Hermano sea imposible, sino a que su propia rebelión es básicamente falsa (…) Para Orwell, esto ocurre cuando una rebelión no procede de la «cólera generosa» (…) sino cuando sus raíces psicológicas profundas se hallan en la envidia, el odio y el resentimiento. Ninguna auténtica rebelión puede surgir de esta fuente envenenada. Y es que los que están poseídos por su propio odio pueden perfectamente imaginarse que son la negación en acto del despotismo reinante, pero en términos fotográficos, sólo son el negativo de la película.”[18]

El caso de las protestas venezolanas, posiblemente aquí se encuentre su punto de discrepancia con 1984. Mientras la obra narra la crónica de una rebelión frustrada por el miedo y el odio, el origen de las manifestaciones venezolanas han nacido en el seno de una causa justa, que reclama por una vida digna donde se garantice la seguridad, la alimentación, la educación, el derecho de la libertad de expresión, una economía próspera y servicios públicos eficientes; en este sentido, las protestas venezolanas a diferencia de 1984, han surgido de la denominada “cólera generosa” de Orwell.

1984, es pues, la prueba más evidente de que las artes, en su juego metafórico, muchas veces pueden sobresaltar a la realidad, pues en esencia, ¿qué es la metáfora sino una manera de contar la realidad? Y particularmente, en este caso, una manera de adelantarse al futuro de la condenada humanidad.

Pero más allá del mundo de Orwell, salta la incertidumbre y con ella las interrogantes: ¿Qué pasará en Venezuela y el mundo próximamente? ¿La política venezolana tendrá el mismo destino que la de Oceanía? ¿Los proletarios lograrán romper las cadenas de la inconsciencia y se rebelarán a los grandes partidos? ¿Hasta qué extremos llegarán las torturas y la represión? Sólo el futuro conoce las respuestas y aunque Orwell pudo predecir el futuro incluso décadas después de su muerte, le dejo por el momento dichas atribuciones al escritor inglés, limitándome a mantener la convicción de que las causas justas desembocan en finales justos.

Así llegamos al final de esta sucesión de posts analizándo la importante obra de George Orwell “1984”. Haznos llegar su impresiones en la caja de comentarios sobre este interesantísimo tema. “1984” un libro que sin duda debemos leer.

 

Referencias Bibliográficas

 

[1] Ale Román. Minorías. “Análisis de la sociedad del libro «1984»” http://minoriamundial.blogspot.com/2008/08/anlisis-de-la-sociedad-del-libro-1984.html

[2] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 117.

[3] Ídem.

[4] Ale Román. Minorías. “Análisis de la sociedad del libro «1984»” http://minoriamundial.blogspot.com/2008/08/anlisis-de-la-sociedad-del-libro-1984.html

[5] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 15.

[6] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 110.

[7] IG Ídem. p. 4.

[8] IG Ídem. p. 88.

[9] IG Ídem. p. 90.

[10] IG Ídem. p. 41.

[11] Horacio Blanco. “Promesas”. En: En Descomposición del grupo Desorden Público. Track #8. CBS – Columbia. 1990.

[12] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 35.

[13] IG Ídem. p. 30.

[14] IG Ídem. p. 47.

[15] Thabata Molina. El Universal. “Venezuela tiene 5 de las ciudades más peligrosas del mundo” http://www.eluniversal.com/sucesos/140116/venezuela-tiene-5-de-las-50-ciudades-mas-violentas-del-mundo

[16] George Orwell. 1984. Barcelona. Ediciones Destino. 2009. p 42.

[17] IG Ídem. p. 41.

[18] Jean-Claude Michéa.Biblioweb. “Rebelión y conservadurismo. Las lecciones de «1984»” http://biblioweb.sindominio.net/pensamiento/orwell.html#note1

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